Empleo y desempleo en pandemia

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Felix Pilay

La tasa de empleo promedio en América Latina y el Caribe se redujo del 57,4% al 51,7% entre el 2019 y el 2020 señala la Organización Internacional del Trabajo (OIT); del informe se desprende que para la región los efectos experimentados por la presencia de la pandemia de la COVID-19, son desbastadores, implica que un aproximado del 6% de las personas que se encontraban ocupadas, en edades y en condiciones de trabajar, denominadas población económicamente activa se habrían sumado a la larga lista de desempleo y subempleo.

Se estima que, a nivel de los países de la región, más de 26 millones de habitantes habrían perdido su plaza de empleo formal en lo que va de la pandemia, desde el primer trimestre de 2019 hasta finales de 2020, si bien, la pandemia aún no ha terminado, se podría pensar que de alguna manera se está reactivando la producción en los diferentes sectores de la economía, lo preocupante es que la plaza que se están creando no son empleos adecuados o formales sino más bien informales y precarios.

Frente a la escalada de los niveles de pobrezas en la región, la que es producto de la perdida permanente de plazas de empleo formal y no formal y la contracción de las horas de trabajo día y el contrato de trabajo por hora a consecuencia de la pandemia, ha provocado que los trabajadores durante este período de análisis hayan experimentado una reducción significativa de sus ingresos salariales.

La pérdida en cadena de puestos de trabajo para la población que hasta antes de la pandemia se encontraba laborando ya sea en empleo formales o informales, sea esta por cierre de las empresas o negocios o por despido por parte de su empleadores, sumado a los millones que ya encontraban en el desempleo producto se la crisis económica que arrastraban los países de la región previo al problema sanitario, se ha convertido en elemento adverso para sostener la calidad de vida de la clase trabajadora. La situación es más grave aún para aquellas personas jóvenes mayores de 15 años y para aquellos que luego de culminar su formación académica están listos para enrolarse en el mercado laboral y se encuentran que las posibilidades que tienen son mínimas por la poca o nada demanda de mano de obra joven y sin experiencia, aunque con un poco de especialización y aquellos que han logrado acceder al mercado perciben salarios insuficientes que se ubican por debajo de los determinados por ley.

En un informe del Banco Mundial del 17 de junio de 2021, se sostiene que la crisis económica que enfrentan los países de la región, empuja de manera inexorable a la población desempleada al mercado laboral informal o trabajo no adecuado, la situación se agrava cuando se avizora que en el corto plazo las posibilidades de recuperación económica es incierta lo que implica que incluso aquellas personas que en este momento cuentan con empleo formal o adecuado podrían migrar en poco tiempo de manera masiva al mercado informal y precario.

En Ecuador, el presidente electo Guillermo Lasso, quien asumió el solio presidencial en mayo pasado, en un emotivo discurso en su investidura sostuvo que no hay mayor precariedad que no tener un trabajo, en clara alusión a los miles y miles de empleos que se han perdido por efecto de la pandemia y por la crisis económica que arrastra el país desde hace varios años y por el creciente aumento del empleo precario y frente a la imposibilidad del sistema imperante de crear empleo adecuado, formal y digno en el corto plazo.

El Instituto Ecuatoriano de Estadísticas y Censo (INEC) del Ecuador, sostiene que hasta diciembre de 2020 apenas el 30,8% de la población económicamente activa (PEA) tenía empleo pleno, mientras que en el 2019 alcanzaba el 38,8%. Se observa, por tanto, que durante lo que va de la pandemia el empleo pleno sufrió un deterioro y cayó en el 8% con relación al 2019, lo que implica que, en los meses de marzo a diciembre de 2020, por efecto de la pandemia 630.000 personas perdieron su plaza de empleo adecuado o formal.

La población económicamente activa en Ecuador alcanzó hasta diciembre de 2020, según datos del Banco Central, la cantidad de 7.874.000, por tanto, si se observa que de este total se encuentra laborando con un empleo formal apenas el 30,8%, implicaría entonces que la población sin empleo adecuado alcanzaría el 69,2% lo que es equivalente a 5.448.808 de personas.

El trabajo precario según la Organización Internacional del Trabajo (OIT) se refiere a la “inestabilidad en el puesto de trabajo, por la existencia de contratos ocasionales”. La demanda social para la creación de empleo formal y combate al desempleo que enfrentan los gobiernos de América Latina y del Caribe es complicada, por decir lo menos, lo que vuelve imperativo que en el corto plazo los gobernantes de la región desarrollen políticas sociales que permita la protección de la familia desempleada que viven en condiciones de pobreza y pobreza extrema, fijación de subsidios al desempleo y políticas que estimulen la creación de nuevas plazas de empleo y la reinserción laboral al trabajo formal.


Prof. Félix S. Pilay Toala

DR. Economista, Magister en Administración Pública.

Pontificia Universidad Católica del Ecuador sede Santo Domingo

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