​VINI, VIDI,…??

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Luis Riveros

“Ya es un lugar común decir que la clase política “no da el ancho”, especialmente frente a las graves circunstancias que afectan al país y al mundo. Los conglomerados políticos están Inundados de discursos populistas, de airadas manifestaciones de inconsecuencia y de gran ignorancia en materias técnicas y políticas; ni siquiera se atreven a escuchar las voces de expertos. Aquellos que han dicho que defienden a la clase media, no dudan ni un minuto en perjudicarla, utilizando información parcial y sesgada en beneficio de ellos mismos. Aquellos que dicen defender a los más pobres, no tienen ni una idea concreta y viable para ir real y sosteniblemente en su auxilio. Los que han dicho defender la propiedad privada y la libre empresa, no trepidan ni un segundo en darle golpes arteros para beneficiar su cara popular. Todos, transversalmente, descalifican las ideas contrarias sin tener claras ideas propias, y no responden a ningún lineamiento de principios ni de propuestas significativas, y se hace costumbre el traicionar a sus propios aliados. La república está muriendo en manos de estos políticos.” Esto se escribió en Julio del año 2020, pero tiene completa validez en los días presentes: nuestros políticos tienen un discurso populista y muestran un travestismo notable para aparecer siempre “con ropa ajena”. Lo hacen para disimular sus verdaderos pensamientos, porque algunos no los tienen y prefieren la copia de lenguajes e ideas, y porque otros no se atreven a mostrar su pensamiento en forma transparentepñ. Por cualquier razón, en manos de estos políticos, nuestro país vive una especie de comedia de equivocaciones.

En las discusiones entre los pre candidatos presidenciales se pone en evidencia este gatopardismo que le hace tan mal a la política y al país. Por ejemplo, no hay ningún líder de derecha que exprese con sinceridad lo que cree para representar a este sector de la política nacional. Algunos de ellos se definen como social-demócratas; otros optan por manifestar que son más bien “de centro”; los más prefieren decir que “ojala no venga un nuevo gobierno de derecha”. Esto siempre recuerda a Groucho Marx: “Estos son mis principios. Si no les gustan, tengo otros). Resultado: el país no sabe realmente cuáles son las propuestas y posiciones a defender por parte de la derecha, y en medio de tales indefiniciones, se vota por lo más opuesto o simplemente se da la abstención. Y en el lado de la izquierda desde hace mucho pasa lo mismo: las propuestas son más bien de “centro” izquierda, que muchas veces reflejan pobremente el ideario profundo del sector. Es cierto: por un período se hizo una alianza capaz de atraer a pensamientos disidentes, para conformar una visión de país. Pero en ese trance, se empezó a desfigurar el pensamiento del sector, para pasar a uno de brutales relativismos, y de un conformismo basado en la búsqueda de ideales comunes, aunque usualmente forzados por las circunstancias. Se ha llegado al contrasentido de negarse los resultados de los Gobiernos de la Concertación, que han pasado a ser vapuleados casi como si fueran los culpables de los males presentes, a pesar del enorme progreso económico y social que revelan las cifras. Como resultado: el electorado no sabe que piensa efectivamente el progresismo, la izquierda tradicional y moderada, sobre el futuro del país. Por eso prefiere también manifestarse por quienes enarbolan abiertamente los ideales de extrema izquierda, a costa de amenazar precisamente lo que podría otorgar progreso sustentable al país. Muchos también no harán eso, pero manifestarán su desorientación y agobio desoyendo a la política y llevando a cabo la abstención de sus obligaciones ciudadanas.

Es evidente que el escenario actual es de un gran desconcierto a nivel del electorado. Los partidos políticos han sido los grandes perdedores en las jornadas electorales recientes (cosa no bien reconocida), poniendo la entera institucionalidad política bajo severo cuestionamiento. Con abstenciones cercanas a la mitad de electorado, poco se puede decir respecto a la sustentabilidad de la democracia. Pero no si es siquiera un tema de debate político: priman más bien los “ofertones” y el ansiado cupo para una próxima elección, o definitivamente un ansiado cargo en un futuro gobierno. De seriedad muy poco: entre el populismo y lo acomodaticio de los postulados de los distintos sectores, la democracia chilena está camino a una verdadera tragedia.

“Vine, vi… y no sé qué podrá pasar con mis propuestas”, es lo que parece describir mejor las opciones que abre la práctica política actual.


Prof. Luis A. Riveros