No matar la gallina de los huevos de oro

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Luis Riveros


Poca duda cabe acera de que el reto más importante para Chile en los próximos años se refiere a aumentar considerablemente la tasa de crecimiento económico, esto es la expansión del Producto Interno Bruto. Sin esto no será posible el crecimiento del ingreso per cápita, ni la disminución del desempleo, ni el aumento de los salarios, cosas todas que esperamos ocurran para ver florecer nuevamente nuestra actividad económica y progresar en la calidad de vida del ciudadano medio. Indudablemente, una variable fundamental para que todo esto ocurra es el crecimiento de la inversión privada, variable con respecto a la cual se deben elaborar políticas sostenidas y cuidadosas. Ciertamente, se desea estimular esta inversión, ofreciendo un ambiente apropiado de acogida ya que sabemos, el inversionista tiene muchas otras oportunidades en Latinoamérica y fuera de ella para poder realizar sus proyectos. Incluso en ámbitos tan favorables para Chile como la minería, la inversión encuentra muchas alternativas para llevarse a cabo fuera de nuestras fronteras, incluyendo no sólo proyectos mineros puesto que el inversionista puede diversificar el destino de sus recursos. Por lo tanto, no se trata de ser totalmente indiferentes a la realización o no de la inversión, ni mucho menos a la idea de ahuyentarla bajo la alegato de que busca generar ganancia. Se trata de ser justos con ella tanto estimulándola como corresponda, cuanto exigiendo de ella la contribución debida para el desarrollo del país. De eso se trata cuando se habla de estimular el interés del inversionista por el futuro del país

Los tigres asiáticos le enseñaron al mundo sobre la decisiva importancia de la inversión para el crecimiento y el bienestar. Corea del Sur, por ejemplo, era en los años 1950 una economía agrícola, que muchos aseveraban no tendría ningún futuro en el desarrollo industrial que se preveía para el mundo entero. Pero fue con inversión (y ahorro) que ha llegado a los niveles actuales cuando, ochenta años más tarde, se ha convertido en una economía exitosa y de las más renombradas como experiencia de inversión y crecimiento, una verdadera potencia mundial. China es, por cierto, otro caso. También se le veía sólo como una economía agrícola con poco éxito previsible en la tarea de alimentar millones de seres humanos. Deng Xiaoping decidió que el camino era otro: ahorrar e invertir, y llevó a cabo una significativa tarea de inversión y de apertura de China al mundo. Hoy día, cuando se ve el fruto de ese esfuerzo y los notables logros del modelo que ellos mismos llaman “socialismo de mercado”, debe apreciarse la historia a través del enorme esfuerzo de crear más capital, estimular la innovación y el desarrollo y hacer emerger al gigante que es hoy día. Hay muchas otras experiencias exitosas, especialmente en Asia, que dejaron de mirar los modelos tradicionales, no estigmatizaron la inversión externa y se decidieron a simplemente crear oportunidades para el nuevo capital, haciendo que el mismo pagara un precio justo por obtener las ganancias que obtendría al menos en forma similar en otras partes del mundo.

Por eso hoy día en Chile el tema de cómo hacerse atractivo para la inversión es un aspecto central, que no puede perderse en medio de declaraciones políticamente correctas pero económicamente equivocadas. Necesitamos como país atraer más inversión para así asegurar un país viable a las futuras generaciones, sin las desastrosas consecuencias de modelos que se consideran políticamente correctos, pero se alinean con el pasado y no con el futuro que deben buscar países como Chile. Esto es mayormente cierto cuando el desarrollo de la inversión pública es otra prioridad, en cuyo financiamiento debe acudir también la rentabilidad global de toda la inversión, para construir un sistema viable y sostenible en el largo plazo. La rentabilidad es un aspecto central de la inversión, como lo atestigua el crecimiento en valor de los fondos de pensiones a los que ha acudido gran número de personas. Eso es lo que debe estimularse con políticas sanas y con una visión moderna y prospectiva del progreso social, ciertamente marcado por el principio de equidad en lo social.

La inversión es la verdadera “gallina de los huevos de oro” para un país. No hay que matarla, porque con ello se matarán también las ambiciones de ser un país mejor, más justo y exitoso.


Prof. Luis A. Riveros