​Congreso, comunidad y futuro

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Nos merecemos lo mejor. Todos y todas. Por eso la invitación de habitar la incertidumbre, hecha por el Congreso del Futuro realizado la semana pasada, fue más que pertinente. Después de un 2020 que nos dejó con ropas más livianas, los aprendizajes continuarán porque tenemos importantes desafíos pendientes como humanidad. Ahí está la primera pista para habitar la incertidumbre: reconocerla. En vez de aferrarnos a ilusorias certezas, partimos con ventaja si asumimos que el terreno es movedizo. Esto nos hace desplazarnos con flexibilidad, levantando hipótesis sobre la marcha y articulando nuevas preguntas, en vez de aferrarnos ciegamente a mapas mentales inerciales.

Es útil cambiar, por ejemplo, la pregunta tradicional: ¿Somos demasiado burocráticos y por eso nos cuesta innovar? ¿Qué supuestos de base se esconden tras la burocracia? ¿Siente temor nuestra gente o es una manifestación de falta de confianza en nosotros mismos y por eso se multiplican los procedimientos?

En esta edición marcada por la pandemia, los más de 80 expositores nacionales e internacionales que participaron de manera online, abrieron sus mundos, estudios y corazones para poner en común sus recorridos. Segunda señal que nos deja el congreso: solo juntos podemos abordar los desafíos complejos. Es el trabajo colaborativo global lo que nos permite mejores formas de enfrentar los problemas que vivimos. La interdisciplinariedad y lo transdisciplinario son parte del camino.

De ahí surgen preguntas agudas respecto a la permeabilidad de nuestros bordes y orillas tanto a nivel intra-organizacional como en la dimensión que “la lleva” hoy: lo trans-organizacional.

¿Qué tienen en común la inmortalidad a través del resguardo de la información almacenada en nuestro cerebro, la felicidad como indicador de desarrollo, la gobernanza digital y el riesgo en que están los polinizadores nativos? Mucho, pero en este caso, el rol de la ciencia que se pone al servicio del bien común. Por lo tanto, podemos decir que la incertidumbre también se habita con más y mejor ciencia al servicio de las personas y del cuidado del planeta. Más que frase para el bronce, esta premisa debería estar apoyada por políticas públicas y privadas que garanticen inversión, desarrollo e innovación que la haga posible.

¿Qué nuevas oportunidades de colaboraciones público-privadas se abren? ¿Qué rol deben jugar las agencias de desarrollo nacional?

Durante cuatro días, los 29 paneles también nos mostraron un poco de la compleja trama que habitamos. Aunque era difícil escuchar a todos los invitados (la vida sigue en paralelo), navegar en los diálogos de algunos permitía tomar las hebras de este gran telar del que somos parte. Por más acotada y focalizada que sea la mirada a un micro mundo, siempre había un guiño, una deriva o una interrogante que te mostraba interconexiones propias del vivir junto a otros como parte de un gran sistema.

Y el mismo guiño, debiéramos hacerles a nuevas interconexiones, con las siguientes generaciones, con nuestros stakeholders y con nuestras comunidades.

Todo está relacionado, nos influimos mutuamente en una deriva de transformación y conservación. Lo sabemos bien al trabajar con familias empresarias. Por ejemplo, si un integrante de la familia no encuentra un espacio desde dónde aportar o si lo/la mantenemos en la organización solo por tradición, no solo estaremos entorpeciendo su vuelo y realización, sino que será una pérdida para toda la familia, y también para la sociedad. También constatamos esa trama en sinergia cuando los negocios están alineados con los propósitos de las familias empresarias que a su vez resuenan y respetan a las comunidades de las que son parte.


La invitación y el desafío para este 2021 no es solo sobrevivir a la incertidumbre, sino habitarla, por lo tanto, honrar el privilegio de vivir, crear, amar, soñar y de construir junto a otros. 


Gonzalo Jiménez Seminario

CEO Proteus Management & Governance

Profesor de ingeniería UC