​Festival de la Constitución

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Javier Fuenzalida AAl parecer, no habrá festival de la canción este verano… pero tenemos el festival de la constitucional que ya comenzó. Como anunciaba Vodanovic, “Chile tiene festival”. Es una avalancha de ideas y propuestas, buenas y malas, para una nueva constitución a partir de una hoja en blanco o blanca con puntitos negros. El parlamento, desprestigiado y que nos cuesta US $ 180 millones por año, debiera haber trabajado y aprobado una reforma. Renunció y tendremos que hacerle la pega si gana el apruebo y otro al final más un “parlamento ad hoc” entremedio todo lo cual tendrá un costo adicional de otros US $ 100 millones.

Ha habido otros proyectos anteriores. En 2005 el expresidente Lagos promovió uno a través de la Fundación Chile 21. En el documento al respecto “Tu Constitución”, pág. 27 se lee “tenemos una gran constitución, pero nadie se atreve a decirlo”. Hay además ignorancia por parte de las nuevas generaciones debido a que Frei Ruiz Tagle suprimió el curso de educación cívica en la educación media, única oportunidad de los jóvenes para ilustrarse sobre lo que es vivir en una sociedad democrática y posteriormente la misma concertación gobernante quería eliminar los ramos de filosofía e historia porque chocaban con el populismo en boga.

Imperdonables omisiones considerando que una constitución es la principal norma jurídica que rige una democracia, en la que se establecen los conceptos fundamentales de las leyes que normarán su ejercicio.

Las constituciones ya existían desde la antigüedad, como fue el caso de la constitución de Solón del siglo V a.c. en Atenas, cuyo objetivo fue definir los derechos políticos de los ciudadanos y las facultades del gobernante para garantizarlos y evitar el abuso de poder. Occidente siguió avanzando y en los siglos XII y XIII surgieron las constituciones leonesas en España y la Carta Marga inglesa. Más tarde, en los Siglo XVII y XVIII hubo un gran desarrollo de la filosofía política con intelectuales como Hume, Bacon, Locke, Hobbes, Rousseau y otros que inspiraron la Gran Revolución inglesa de 1688, la independencia de Estados Unidos en 1774 y la revolución francesa en 1789.

Nuestra historia constitucional es heredera de esas tradiciones a partir de una muy simple constitución inicial de 1812 en que se establecieron, tal como en Grecia de la antigüedad, derechos individuales y facultades del estado. No huno hoja en blanco porque sus redactores ya conocían la Carta Magna y la Constitución de Estados Unidos. Fue escrita en la casa del cónsul de Estados Unidos en Chile Robert Poinsett, amigo de Carrera. Esta constitución marca el inicio de las que le siguieron y que fueron perfeccionado sus normas, en especial la de 1833 con una vigencia de casi 90 años (modificada en 1891 para robustecer el poder legislativo pero que no llegó a ser una constitución parlamentaria). La crisis de los años 20 y 70 dieron origen a nuevas versiones, perfeccionando cada vez más los conceptos originales e incorporando los avances de la democracia.

Ya en tiempo de Jorge Alessandri se venía debatiendo la idea de reformar o dictar una nueva constitución. No lo hubo sino hasta 1980. Mucho se podrá debatir en cuanto al llamado “pecado original”. Pero hay que recordar que las anteriores también fueron productos de crisis. La de 1925 fue redactada por un pequeño grupo de constitucionalistas designados por el presidente, al igual que la de 1980. Ambos plebiscitos aprobatorios no fueron universales. En el de 1925 hubo una abstención de 54,63 % y la de 1980 fue votada sin un registro electoral.

Lagos logró una reforma constitucional con la aprobación del congreso. La versión del 2005 lleva la firma su firma, junto con la de todo su gabinete. Muchos evitan ese recuerdo porque la moda es convenir en el pecado de origen de la actual. Es más, tanto Lagos como la concertación celebraron esas reformas destacando que ahora el país contaba con una verdadera constitución surgida de la democracia.

La izquierda de esos años suspiraba por Cuba y Venezuela y no pocos lamentaban en silencio el fin de la Unión Soviética. Aspiraban que Chile tuviera una nueva constitución semejante a la de las dictaduras de izquierda. No lo lograron, pero no cesaban en proponer eliminar, modificar o incorporar nuevos conceptos. Una muestra de ello fue el proyecto del 2016de Lagos ya citado “Tu Constitución”. Su elaboración fue producto de 8.532 ideas y 435 proposición, entre otras, el derecho constitucional de los animales, restricciones al derecho de propiedad, aborto, eutanasia, derecho a rebelión, matrimonio del mismo sexo, etc. Respecto de la constitución de 1980, ese informe señalaba que “tenemos gran constitución, nadie se atreve a decirlo” (pág. 53). El extenso documento de 375 páginas destina tan solo media página al derecho de propiedad (pág.105). En total, la constitución de 1980 ha tenido 40 enmiendas, eliminándose a partir del plebiscito de 1987 de todas aquellas normas que impedían una efectiva democracia.

Bachelet continuó con la idea de la reforma y organizó los famosos cabildos para recibir propuestas. 202.402 personas participaron en 7.575 reuniones que generaron 8.993 ideas. En materia de derecho, el listado es interminable y una comisión de expertos las examinó y redactó un proyecto que se envió tardíamente al parlamento una semana antes del término de su mandato. Fue más un testimonio que la intención de una reforma.

La ocasión para revivir el tema se presentó en noviembre del 2019 como respuestas a los actos de violencia callejera iniciados el 18 de octubre. Un muy buen pretexto. Tanto es así, que algunos días después, el 25, hubo una nueva manifestación verdaderamente pacífica y que es la más grande que ha habido en el país con más de un millón de asistentes en Santiago. Pero para los políticos exhibicionistas les es más efectivo proponer una paz social mediante un plebiscito para iniciar el proceso de una nueva constitución, más que comprometerse con el pacifismo civilizado del 25 de octubre.

No son pocos los partidos e instituciones que los asesoran y que han ido presentando ideas para la reforma. Lo hizo el partido comunista que quiere eliminar la subsidiariedad del estado, los ambientalistas que quiere derechos verdes, esto es derechos de los vegetales sosteniendo que la naturaleza no es apropiable y que a anterior al hombre. Fin de los veganos. Crear los derechos de los animales. Fin de las parrilladas. Inclusión explícita de derechos sociales, sin indicar como se garantizan y se practican. Derecho a rebelión. Fin del estado subsidiario para que éste pueda entrar al mercado con la ineficiencia de la que le es propia. Ignorando el Código de Aguas que establece que esta es una bien nacional de uso público, propone nacionalizarla, confundiendo el derecho de uso como si fuera un derecho de propiedad. Derechos “neuronales” para regular la aplicación de la inteligencia artificial. Definir a la nación como un estado plurinacional. Ampliar el concepto de familia para dar cabida a matrimonios del mismo sexo.

El festival está en pleno desarrollo. Todos los políticos quieren aparecer en el escenario y “actuar” en los matinales. Piñera publicó su propio decálogo para la nueva constitución. Lástimas que no reparó que todo lo que propone ya está en la actual constitución:

  • Rol del estado, estado de derecho (Art 4, a 9)
  • familia (Art 1)
  • Derechos civiles y políticos (Art 10 17)
  • Derechos económicos sociales y culturales (Art 19)
  • Sociedad inclusiva y diversa (Art. 19), N° 2 y 3
  • Orden público. Seguridad (Art 32, 39 a 45,
  • Medio ambiente (Art 19, 8) • Separación poderes del estado (Cap. IV, a XIII)
  • Responsabilidad autoridades y transparencia (Cap. IV)
  • Descentralización (3, Cap. XIV, transitoria sexta)
  • La única tranquilidad es que la gran mayoría de los derechos a que se hace referencia, ya están en la actual constitución y en los tratados internacionales suscrito por Chile y que tienen el carácter de ley como los de la ONU, el estatuto de loa DDHH de 1947, Convención sobre los derechos de los niños del 2006, el de los pueblos originarios del 2007 y otros como el Convenio 169 de la OIT del 2012, etc. Sin perjuicio de enmiendas o nuevos artículos que se aprueben en el segundo plebiscito.

    ¿Cuánto cuesta el festival? Según el Servel y la Dipres, a los contribuyentes nos costará US $ 100 millones más el gastó en que incurrirá cada partido. Todo para algo que el ejecutivo y parlamento debió realizar dentro de sus propias obligaciones. Propongo que ese gasto sea descontado de la dietas y remuneraciones de los actuales responsables, parlamentarios, presidente y ministros.


    Javier Fuenzalida A.

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