​Chile en las cadenas globales de valor: un nuevo modelo de desarrollo

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Alfredo barriga (columnista)


Este año el Informe de Desarrollo del Banco Mundial describe en detalle el impacto que las cadenas globales de valor (Global Value Chains o GVC, en inglés) han tenido en el desarrollo económico de los países, aumentando el PGB, mejorando las rentas, generando transferencias tecnológicas, promocionando PYMES locales y aumentando el capital humano. Según el Banco Mundial, estudios comparativos entre países muestran que el aumento de la participación en las CGV impulsa el crecimiento económico 6 o 7 veces más que simplemente aumentar las exportaciones de bienes que se producen en un solo país.

Para el caso de Chile, esto representa un cambio en la estrategia de exportaciones. Chile está integrada a estas cadenas, pero “hacia adelante”, es decir, en las primeras etapas de la cadena, que no son las de mayor valor, mejores sueldos y mayor generación de capital humano. Para estar en la parte menos valiosa de la cadena de valor, no obstante, lo está haciendo bien: el informe destaca por ejemplo la incorporación de PYMES locales que sustituyen a empresas extranjeras como proveedores de las empresas mineras, subrayando casos en los cuales estas PYMES han aportado innovaciones que han mejorado la productividad de la actividad de las mineras.

Los casos de mayor éxito en recoger los beneficios de las GVCs sin embargo, no están “aguas arriba” (en las primeras etapas de la cadena de valor) sino “aguas abajo” (en los productos más sofisticados y complejos). Es el camino seguido por países como China, Corea del Sur, Taiwan, Japón, Singapur y Alemania, donde ha habido una clara y permanente estrategia de impulsar las GVCs, evolucionando desde las primeras etapas hacia las etapas más sofisticadas.

El caso es que Chile tiene mucho avanzado en lista de requisitos que señala el Banco Mundial para llevar a cabo una estrategia exitosa de mayor participación en GVCs: economía abierta, acuerdos de libre comercio, reglas claras de inversión, estabilidad institucional (hasta ahora al menos), tipos de cambio que reflejan correctamente los precios locales a nivel mundial, y una buena conectividad (puertos, carreteras, aeropuertos).

Faltan sin embargo algunos temas importantes. Se necesita una política que facilite inversiones directas de las grandes cadenas de valor. Chile dio facilidades para inversiones directas en sus recursos naturales (con gran éxito), pero cuando Intel quiso instalarse aquí, por ejemplo, no tuvo incentivos para hacerlo, y al final se fue a Costa Rica (con mucho éxito para dicho país).

Los bienes y servicios están cada vez más vinculados, por lo que la liberalización del comercio de servicios es una parte importante de cualquier estrategia para promover las cadenas de valor mundiales. Las políticas deben mejorar el entorno para el comercio electrónico, y promover la libre circulación de datos, además de reforzar la propiedad intelectual.

Un último mensaje: este informe del Banco Mundial es una clara advertencia respecto de lo que no debemos modificar de nuestro sistema económico, algo que deberían sopesar especialmente quienes desean cambiarlo todo. La evidencia mundial dice que el resultado final sería muy malo.


Alfredo Barriga Cifuentes

Profesor UDP