​Invertir en Chile

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Paz Ovalle

En 1990 el 68% de la población en Chile estaba en pobreza, si tomamos la metodología actual de medición. Las carencias eran inmensas. Por ejemplo, en la capital el río Mapocho se bañaba con las aguas servidas, el smog era humo por nuestros pulmones. La mayoría de los niños iba medio día al colegio y una minoría entraba a la universidad. Necesitábamos más colegios, universidades, hospitales, carreteras, aeropuertos, necesitábamos más trabajo, mejor nutrición, viviendas, conectividad, oportunidades laborales para las mujeres, agua potable y miles de cosas más.

Esas necesidades forjaron el desarrollo chileno. Cómo las resolvíamos si no teníamos tasas razonables para endeudarnos, si el PIB era tan chico que aumentar impuestos eran 3 pesos. ¿Cómo reducíamos esas necesidades? ¡Con la inversión privada!

Pero cómo traíamos inversiones al fin del mundo. Teníamos que ayudar a que fuera un buen negocio traer recursos e invertir en Chile. Por qué una minera iba a invertir en un país que hace pocos años había nacionalizado las empresas mineras extranjeras. Quién se iba a gastar miles de millones de dólares sin algún grado de seguridad. Y lo mismo en todos los frentes. Así Chile se transformó en un buen lugar para invertir. Resguardos de la institucionalidad, reglas pro-inversión y un ambiente procrecimiento.

La urgencia contra la pobreza y la convicción de derecha e izquierda de la importancia de traer inversión, modelaron el crecimiento acelerado de nuestro país. Concesiones, viviendas sociales, colegios particulares subvencionados, nuevas universidades, las sanitarias, agua potable, carreteras, puertos, conectividad, nuevos hospitales y miles de ejemplos más. Se crearon miles de puestos de trabajo, se avanzó en formalización y tuvimos grandes tasas de crecimiento por varios años. Se redujo la pobreza como nunca se había hecho en Latinoamérica, se multiplicó por 5 el ingreso a la educación superior. El gasto público se multiplicó por más de 6 veces. Pasamos a tener la mejor calidad de la educación en Latinoamérica, según las pruebas internacionales. Incluso se redujo la desigualdad de ingresos y logramos el mayor índice de calidad de vida.

Ese modelo que se basó en atraer y cuidar la inversión privada, para salir de la pobreza, hoy está en juicio. Por una parte, porque el Estado que creció no se modernizó en su capacidad de respuesta, integración y apoyo a la ciudadanía, dejando en vulnerabilidad a muchas personas. Segundo, porque abusos a nivel empresarial destruyeron la confianza en los más ricos y las élites. Y lamentablemente cuidar y fomentar la inversión, se entiende como cuidar a los ricos.

El problema es que estamos a medio camino del desarrollo, en lo económico y social. Las carencias en Chile siguen siendo inmensas. Una primera generación de clase media no tiene patrimonio, vive de sus ingresos y en el péndulo de la pobreza. Seguimos repletos de carencias sociales. Salud, educación, pensiones y muchas más. No somos un país rico. Crecimos como nunca lo habíamos hecho, pero seguimos en segunda división. A pura deuda nos vamos a ahogar en nuestros problemas sociales. Las carencias de nuestro país nos exigen reencantarnos y reencantar con la inversión. Ojalá aprendiendo de todo lo que hicimos mal y manteniendo todo lo que hicimos bien.

Necesitamos volver a crecer, atraer y fomentar la inversión, con justicia social y medioambiental. Pero con el imperativo de que Chile tiene que ser un buen lugar donde invertir.


Paz Ovalle Puelma

Consejera Sofofa