Cesantía contagiosa

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Mbrunaud


Se acaban de conocer los resultados de la Encuesta Nacional de Empleo del INE, que determinó un desempleo para el trimestre móvil mayo-julio de 2020 del 13,1%, reflejando un incremento de 5,6 puntos porcentuales, respecto de los mismos meses del 2019 y muy superior al ya fatídico 8,3% del año 2010, que coincide con la nueva medición de este indicador. A contar del mes de mayo, por recomendación de la Organización Internacional del Trabajo (OIT), se introdujeron al cuestionario de la ENE nuevas preguntas asociadas a la crisis sanitaria por el Covid-19.

Claramente estas pésimas cifras son un efecto más de la crisis sanitaria, en especial, por la implementación de las cuarentenas que impactaron en la actividad económica, y con esto, necesariamente el nivel de ocupación se contrajo a cifras del orden de 20,6% para los últimos 12 meses, dejando una cifra alarmante de 1,8 millones de desempleados. Los sectores de la economía más afectados han sido comercio (-24,9%), construcción (-34,8%) y alojamiento y servicios de comidas (49,5%).

Importa destacar el efecto encubierto que ha tenido la Ley de Protección del Empleo, ya que se calcula que el número de “trabajadores ausentes” con motivo de la aplicación de la suspensión de sus contratos superan los 700.000 puestos de trabajo.

El escenario no es alentador y es peor si se analiza otra variable como es los nuevos trabajadores potenciales de trabajar, quienes tienen edad, capacidad y deseo de trabajar (población activa) pero que, atendido la carencia de empleos, han optado por no salir al mercado a buscarlos, lo que daría una tasa superior al 30% según las cifras del INE.

Panorama más complejo para el sector informal si consideramos que carecen de la protección del seguro de desempleo. En doce meses, los ocupados informales disminuyeron 35,7%, incididos por las mujeres (-39,9%) y por los hombres (-32,4%). Según el sector económico, el descenso se debió, principalmente, a comercio (-36,7%) y agricultura y pesca (-42,0%). Las categorías que más incidieron en la reducción de los ocupados informales fueron trabajadores por cuenta propia (-36,1%) y asalariados privados (-36,0%).

En el plano mundial para el mismo período medido por el INE encontramos que el nivel de desempleo en España alcanzó el 15%, en Estados Unidos de Norteamérica al 10,2% (llegó a perder 21 millones de puestos de trabajo entre marzo y abril), y en Brasil al 13,3%.

Qué puede hacer el Gobierno para mejorar este escenario. Por lo pronto, extender todos los beneficios otorgados, en especial, la cobertura de por lo menos seis meses adicionales del seguro de cesantía, nuevos bonos a los que acrediten despidos en el trimestre móvil de agosto a octubre, y lo más importante, dar a las empresas cobertura crediticia, beneficios tributarios y mejorar los beneficios a los exportadores, es decir, una batería de medidas pro reactivación de la actividad económica.

A propósito de la OIT, este organismo recomienda tres pilares fundamentales, proteger a los trabajadores en su lugar de trabajo, fomentar la actividad económica y la demanda de mano de obra, y finalmente, apoyar el empleo y el mantenimiento de los ingresos.

La interrogante que queda planteada es qué viene en los próximos meses, si estas cifras serán las peores de la crisis sanitaria o se verán incrementos en los desempleados, ya sea por nuevos rebrotes, extensión eterna de la pandemia al no existir vacuna y el efecto incierto de los trabajadores suspendidos, ya que en un alto porcentaje no serán reincorporados, sino que finiquitados, por no existir las condiciones dentro de sus empresas de mantener la actividad económica pre-Covid-19.


MIGUEL BRUNAUD RAMOS

Profesor de Derecho Económico

Facultad de Derecho de la Universidad de Chile