Plebiscito sin mascarillas

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Mbrunaud


Comienzo este artículo señalando que quedan menos de 70 días para la realización del plebiscito acordado para el 25 de octubre de 2020, y que, en mi opinión, lo razonable es suspenderlo.

Nos encontramos en medio de la crisis sanitaria más compleja de los últimos cien años y aún no existe una vacuna para el Covid-19. Frente a este escenario surge la pregunta racional de por qué debemos insistir majaderamente en realizar el plebiscito en la fecha acordada, sabiendo que hacerlo conlleva un riesgo de contagio y muerte para el electorado.

Desde el punto de vista sanitario, es claro que no se saca nada con tomar resguardos en los locales de votación, implementando medidas estrictas de higiene, si las personas deben trasladarse a votar, esto es, el trayecto o camino al voto es casi un suicidio.

Lamentablemente los políticos tienen miedo de enfrentar a la población y transmitir esta verdad, que no es seguro ir a votar, olvidando que dicha votación es la mayor muestra democrática desde el retorno a la Democracia y que el Estado tiene la obligación de velar que la participación sea de un modo 100% seguro, ya que no puede quedar en los anales que falleció siquiera un votante.

Ni hablar qué haremos con los pacientes con Covid-19, en especial, los asintomáticos, siendo la interrogante si tendrán derecho a sufragar o se les impedirá el ejercicio. Imaginemos el riesgo cierto de contagio que habrá para los vocales de mesa y resto de electores.

Conviene dar una mirada al resto de los procesos eleccionarios que se han celebrado este año en el resto del mundo, en plena crisis del Coronavirus. Hasta el mes de junio se habían realizado 45 de ellos que corresponden al 55% de las elecciones proyectadas para el primer semestre. La última suspensión conocida es la del Gobierno de Nueva Zelandia que resolvió postergar en un mes las elecciones parlamentarias, luego de un rebrote en Auckland.

El porcentaje de participación ciudadana en promedio alcanzó el 50% del electorado. Estas votaciones se efectuaron bajo estrictas medidas de seguridad, tales como, el voto anticipado, como en Corea del Sur y Australia, o extendiendo el proceso entre 2 y 6 días seguidos, como aconteció en Rusia.

El Senado aprobó el proyecto de ley que entrega facultades extraordinarias al Servicio Electoral para el plebiscito de octubre próximo y todas las elecciones que se realicen en 2020 y 2021. De esta manera, el Servel tendrá que dictar las medidas de resguardo, instrucciones y resoluciones 45 días antes de la realización del plebiscito, las que en ningún caso podrán afectar la realización del mismo.

Dentro de las medidas mínimas que se deben implementar, se sugiere la elección de vocales de mesa que no estén en edad de riesgo, limpieza de materiales antes y durante el proceso electoral, uso obligatorio de mascarillas, reducir el número de personas permitidos en los locales de votación, marcar en el suelo para indicar la separación esperada entre personas, tener personal adicional para ordenar las filas y promover la distancia física entre electores.

Pero además de lo sanitario, que es esencial, hay que centrarse en la legitimidad que tendrá el proceso y resultado del mismo, si la abstención derivada del miedo de ir a votar supera los umbrales que registran las últimas elecciones. A propósito de esto último, interesante resulta el proyecto de ley presentado por el senador Francisco Chahuán, que considera que debe existir al menos un 50 por ciento de concurrencia para validar el proceso, o de lo contrario carecería de legitimidad y ante ese eventual escenario, el Presidente Sebastián Piñera tendría que convocar una segunda elección en un plazo de 30 días.

No suena descabellado que se insista en suspender el plebiscito, cuando producto de la pandemia, pasa a ser un hecho público y notorio, que no están dadas las condiciones para sufragar de manera segura, con el miedo latente que el voto se tiña de sangre por el riego de muerte para los votantes.


MIGUEL BRUNAUD RAMOS

Profesor de Derecho Económico

Facultad de Derecho de la Universidad de Chile