​10% de miseria

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Mbrunaud


Con motivo de la aprobación de la Ley que autoriza el retiro del 10% de sus ahorros a los trabajadores desde las AFP, me parece oportuno significar la miseria intelectual que hubo en torno al debate que generó esta iniciativa. Pareciera que se olvidó por completo que los ahorros previsionales se han pensado para la vejez, en condiciones normales de funcionamiento de una sociedad, y no para una situación excepcional.

Es efectivo que vivimos una crisis sanitaria sin precedentes, que ha traído contracción económica, desempleo, desinversión y finalmente, pobreza. Pero lo que debieron hacer nuestros políticos, extendiéndose especialmente a los congresistas, era dejar fuera la discusión en torno a la legitimidad del sistema, y no caer en populismo, y centrarse en cómo se combate este escenario, tratando de no empeorar el futuro de las pensiones.

Y finalmente, como era de esperar, atendida la pobreza del debate que existe hoy en todo nuestro entorno académico y político, se optó por la que parece la solución mejor, más rápida y eficaz, como es retirar ahorros previsionales obligatorios desde las AFP, entendiendo que primaba el derecho de propiedad sobre los fondos, por sobre el principio de seguridad social que inspira el actual sistema.

No faltarán los intelectuales que hagan suyas las proyecciones económicas en torno a que este dinero generará un efecto expansivo del consumo, lo que es verdad, tendremos un PIB el 2021 cercano a un 3%, de no mediar infinitos rebrotes del virus. Pero esto no es el núcleo de la discusión, sino qué tenía de beneficioso retirar los ahorros previsionales.

Desde luego, el debate sencillo y pobre se vio favorecido por la inacción del Gobierno, si consideramos que las medidas en ejecución y propuestas, han sido débiles, con trasferencias insignificantes no contributivas de corto plazo, préstamos a la clase media, cuando lo que debió implementarse eran medidas de carácter universal de ayuda a los sectores de ingresos bajo y medio, como se ha hecho en los países desarrollados.

La afectación de estos fondos, entendiendo que era un ahorro forzoso que no era permitido retirarlos por ningún motivo, traerá en el futuro, cuando tengamos un Congreso peor que el de hoy, que frente al próximo terremoto o tsunami, también exista una causa justa de retiro de estos, sin entender que el daño que se hace al sistema es enorme.

Pensemos que el 27% de los trabajadores podrán retirar el total de sus ahorros previsionales, si consideramos que tienen menos del mínimo de 35 Unidades de Fomento, y que 8 de cada 10 trabajadores tienen menos de $6.000.000, es decir, el 10% les reportará como tope $600.000. A todos ellos, el Gobierno debió transferir la cifra equivalente a la que podían retirar, ya que técnicamente no se justificaba el retiro de sus ahorros, bajo ningún punto de vista, lo que evidencia un fracaso del equipo económico en demostrar la conveniencia de sus propuestas por sobre la reforma previsional.

Si lo que se quería era eliminar el sistema, esta reforma constitucional será el inicio de su fin, ya que no se ve que las autoridades elegidas entiendan lo que están haciendo, salvo algunos como el diputado Pepe Auth. Esto es así, ya que la señal para quienes retiren sus ahorros en su totalidad, será de fracaso del sistema, lo que será difícil de revertir para los políticos actuales.

Por lo tanto, lo que se ha hecho, no es más que una mala ley, que solo trae sonrisas de consumo inmediatas, pero miseria para el futuro, al saber que las pensiones serán de peor calidad, no habrá forma de recuperar el faltante y que casi un tercio de los trabajadores chilenos podrán dejar en cero su cuenta de ahorro previsional.


MIGUEL BRUNAUD RAMOS

Profesor de Derecho Económico

Facultad de Derecho de la Universidad de Chile