El nicho vacío

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Luis Riveros (columnista)


Muchos observadores independientes parecen compartir la idea de que la oposición política al actual gobierno no ha cumplido un papel relevante en la actual situación. En efecto, respecto de la cruda realidad de nuestra crisis sanitaria producto del COVID19, la ciudadanía no ha escuchado propuestas concretas que vayan en la línea de construir una mejor reacción de país frente a la pandemia y sus consecuencias. Por supuesto, la oposición y sus voceros han enunciado muchas muestras de escepticismo, de sospecha frente a los dichos y datos que proporciona la autoridad, y de un notorio distanciamiento de los argumentos proporcionados por las autoridades de gobierno, especialmente de la autoridad sanitaria. Sin embargo, queda la sensación de que sería lo mejor para ellos, considerando las ganancias políticas que podrían esperarse, que las cosas no resulten, que las infecciones cundan y que el problema se vuelva inmanejable. Quizás eso sería considerado un avance, bajo el enunciado general: “lo habíamos advertido”. Sin embargo, y por lo mismo, aparte de desconfiar de las estadísticas, de los indicadores que se exhiben ante la ciudadanía y de expresar así, en términos muy generales, que las cosas no se están haciendo bien, poco o nada ha escuchado en un sentido propositivo la ciudadanía de parte de representantes y partidos ligados a la oposición. ¡Qué distinta la oposición política en Portugal, donde explícitamente sumaron fuerzas al gobierno para enfrentar al enemigo común: el COVID19! Ahí, eliminando los distanciamientos políticos, posiblemente radicaría una gran ganancia política futura. Pero en Chile ni siquiera hemos escuchado de los partidos un llamado de consenso a la ciudadanía para que efectivamente colabore a disminuir los contagios, y obedezca la cuarentena, independientemente de los graves problemas sociales y económicos que todos conocemos. Como que todo su discurso se ubica en otra dimensión, como es las próximas elecciones, el referéndum de Octubre, y el debilitamiento de la popularidad de las autoridades de gobierno. La actitud de los partidos de gobierno no ha sido mejor, también marcados por la ausencia de contribuciones importantes en materia de ideas e iniciativas. Todos, unos y otros, tratan de lucirse en matinales de TV, donde domina el discurso fácil y los especialistas improvisados. Por todo eso también, sigue cayendo la credibilidad del propio parlamento, junto con los partidos políticos, especialmente los de oposición. Esto le hace mal a la democracia.

En materia económica prima el mismo silencio en materias sustantivas. El producto per cápita descenderá este año más de 6%, con una inversión que se ha desplomado y con un esfuerzo fiscal adicional (déficit) que está en torno al 5 o 6% del PIB, significando una deuda pública de alrededor de 40% del producto. Por cierto esto está muy justificado, y muchos argumentan que el país tiene espacio para un esfuerzo fiscal mayor, especialmente frente al efecto de la situación en materia de desempleo y de distribución del ingreso. Pero, nuevamente, de la oposición se escuchan solamente expresiones de insatisfacción, de ideas muy generales sobre la forma de atender las necesidades basándose en un contexto realista sobre lo cual siempre se podrá dialogar. Se escucha, en cambio, que la situación se hará mucho más crítica y que ello acumulará mucho más descontento para un nuevo estallido en cuanto ello fuera posible. Nuevamente, esperando más bien que las cosas caminen mal porque eso llevará a manifestarse al inconformismo y la frustración social. De ello por cierto esperarán obtener ganancias políticas los miembros de la oposición, aunque también algunos de gobierno que muestran sus apetitos electorales entregando argumentos esperanzados en torno a un más profundo descontento.

Es Chile el que pierde. Si la situación sanitaria empeora, no ganarán los de oposición ni los de gobierno. Perderá el país parte de su futuro. Si la crisis económica se sigue profundizando, perderá Chile y los más pobres, y no habrá artilugio político que capitalice aquello como una ganancia para algún sector en particular. Es hora del mensaje unitario para salir adelante como país, demostrando que ningún sector político gana cuando es el país el que pierde. Este es un nicho que permanece vacío como producto del escaso talento que domina hoy en la política.


Prof. Luis A. Riveros