Un último cuatrimestre decisivo

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Luis Riveros (columnista)


La situación económica es una dimensión muy reveladora del serio problema que ha traído la pandemia en todo el mundo. Las estimaciones domésticas ponían a la caída del PIB chileno este año 2020 a nivel de -2.5 a -3.0%. Recientemente el Fondo Monetario, con mayor información seguramente, ha lanzado la cifra de -4.5%, la cual, enorme como parece, es en realidad una de las menos drásticas pronosticadas para la región latinoamericana, donde México, Argentina y Brasil están cayendo a más de 5%. Se trata de una seria contracción económica, que muchos comparan a la de la crisis financiera de los años 80, aunque ésta parecería tener rasgos más marcados de profunda crisis productiva. El PIB mundial, según el Fondo, se estaría contrayendo en un -3.0%, y las economías desarrolladas lo harían en un 6%, lo cual revela el impacto que ello conlleva en términos de los países en desarrollo. El comercio mundial, además, se está contrayendo alrededor de un 30% durante este año, lo cual tiene un impacto decisivo en el comportamiento del comercio internacional, particularmente en el caso de nuestras exportaciones. El efecto en términos de quiebra de empresas y desempleo es catastrófico, y llevará a un serio problema de desocupación de posterior difícil recuperación. No se trata de una situación equivalente a la crisis financiera de los años 30, en que las cifras de caída de producción y aumento del desempleo fueron aún más drásticas, pero esta es una situación única en casi un siglo para todo el planeta.

Dentro de lo poco menos dramático que traen las cifras recientes, está el hecho de que China experimentará un crecimiento positivo este año de alrededor de 1%. Esa es una señal de esperanza para nuestras exportaciones mineras y no mineras, pero aún es muy temprano para vaticinar resultados. Lo otro positivo es que el Fondo Monetario pronostica una rápida capacidad de recuperación de la economía chilena, que crecería más de 5.0% durante el año que viene. No hay que olvidar, sin embargo, que estos resultados económicos asociados al COVID19 se superpusieron a los efectos que tuvieron las protestas que se iniciaron en Octubre. La destrucción de empresas, el grave daño al mobiliario urbano, el sentido de inseguridad que se creó, fueron todos factores que llevaron a la reducción de la inversión y la creación de un mal ambiente para futuras inversiones. Posiblemente el Fondo no consideró este factor en sus estimaciones de recuperación, por lo que posiblemente el ánimo de la economía chilena sea inferior al pronosticado. La situación de este año, por otra parte, es lo suficientemente seria como para sólo concentrarse en los resultados observados, sin todavía enfrentar el año 2021, cuyos resultados también dependerá en mucho de lo que se haga ahora para amagar algunos efectos de la crisis. Por esa razón, las medidas adoptadas por el Gobierno están en la dirección correcta, aunque significan una cantidad elevada de recursos públicos reflejados en un significativo déficit, inédito en la historia de los últimos 50 años. La eficacia de las medidas, sin embargo, es un tema que debe abordarse, puesto que no sólo importa la magnitud de los recursos sino también la forma en que ellos acceden a los grupos objetivos. La eficacia de las políticas dependerá mucho de su operatoria práctica, especialmente cuando se considera el rol efectivo y central que la banca ocupa en muchos de los programas de apoyo a la mediana y pequeña empresa.

Un problema, sin embargo, debe ser considerado seriamente en el ámbito económico y también en el político. Posiblemente lo peor de la crisis económica se vaya a producir en el último cuatrimestre del año, especialmente con problemas como quiebra de empresas grandes, difícil sobrevivencia de las más pequeñas, y altos niveles de desempleo. Aquí ocurrirá una profunda crisis social. Pero además, según varios expertos pronostican, estas epidemias se van produciendo por sucesivas oleadas, y actualmente estamos viviendo cercano al peak de la primera. Pero vendrán otras subsiguientes, que prolongarán los problemas, las cuarentenas y la inhabilidad de la economía para recuperarse significativamente. Es posible que esto también se verifique en el último cuatrimestre de este año. Por eso, el problema no es sólo la magnitud del problema económico en toda su profundidad, sino también la incidencia brutal que podrá seguir experimentando las oleadas sucesivas de la crisis sanitaria. A tener en cuenta, entonces, porque de esta crucial etapa dependerá la capacidad real para que Chile experimente una mejoría en sus indicadores económicos y sociales, y siente las bases para una efectiva recuperación el año 2021.


Prof. Luis A. Riveros