Abriendo las billeteras de par en par frente al virus

|

Nicole


Al igual que muchos, no sólo siento estar siendo protagonista de una película de terror sino que también siendo observadora y, en primera fila, de una intensa y profunda clase de macroeconomía. Ya no caben dudas que la crisis sanitaria producida por este virus, cuyo nombre ya se nos hizo familiar casi cercano e incluso popular, ha puesto a la gran mayoría de los gobiernos mundiales a aplicar medidas económicas de emergencia. Estamos siendo testigos de cómo paquetes de rescate de una envergadura, no evidenciadas antes, están siendo desplegados, frente a un shock inesperado, que no se origina desde la actividad económica y que ha paralizado prácticamente todos los esfuerzos productivos de nuestro sistema económico.

En otras palabras, el flujo circular de la economía se ha visto interrumpido por un virus. El shock se ha manifestado en cortes profundos en la demanda y en la oferta, cesando la actividad de los mercados y la forma en como los actores, que participan en estos, toman decisiones. Se nos está haciendo habitual escuchar conceptos desde nuestras autoridades como shock (perturbación), transitoria (no permanente), estímulos e inyecciones, contagios, canales de propagación, como si estuviéramos hablando de alguna enfermedad, pero no, estos también son términos económicos. Porque la economía es un gran sistema lleno de subsistemas que se comunica a través de diferentes canales y cuando algunos o muchos de estos se ven afectados se produce un efecto de propagación en masa, que es exactamente lo que estamos evidenciando.

En forma conjunta los gobiernos han tenido que postergar sus objetivos de alineación y ajuste fiscal en función de paquetes de rescate liberando las metas establecidas por quienes los lideran, siendo el gran ejemplo el gobierno norteamericano con un paquete de rescate fiscal de 2 billones de dólares. Los bancos centrales no se han quedado atrás, reaccionando eficientemente han aprobado con rapidez fuertes flexibilizaciones cuantitativas (quantitative easing) para asegurar liquidez, líneas de financiamiento y adecuaciones de crédito hacia el sistema bancario poniendo sus tipos de interés de política monetaria en mínimos técnicos. En el caso local con un reciente recorte de TPM hasta 0,5%.

Siguiendo preceptos teóricos y provenientes de modelos históricos, la aplicación simultánea de políticas fiscales y monetarias expansivas, bajo las consideraciones de ciertos supuestos y elasticidades conocidas, tendría como consecuencia que la sincronicidad de ambos movimientos, nos condujeran a esperar cierta expansión productiva acompañada de bajas tasas de interés. La gran incertidumbre actual es la duración del efecto, ya que estas políticas de apertura de billetera están siendo aplicadas hoy, considerando un periodo transitorio de los daños producidos a la estructura económica.

Una visión mas conservadora presume que la existencia de esta abundante liquidez estimularía, en su debido tiempo, con el efecto del contagio controlado, un rebote positivo en las decisiones económicas que revitalizarían la economía, ya que con costos de acceso al crédito reducidos se activan las decisiones que evalúan costos de oportunidad hacia posiciones más favorables de endeudamiento y acceso a los recursos. No obstante, esta hibernación / paralización de la actividad e interrupción de la cadena de valor productiva no será a costo cero. Hay múltiples empresas y sectores productivos que no serán capaces de soportar la extensión de este shutting off (apagón) producido por el social distancing (distanciamiento social, concepto acuñado a raíz de la cuarentena obligada). Muchos empleos y emprendimientos serán sacrificados junto con los mercados obstruidos, donde las medidas de ayuda, pero de análisis dosificado de los gobiernos no podrán ponerle freno. Con mayor desempleo, menos producto y efectos sobre el sector externo el flujo circular seguirá interrumpido o en su defecto disminuido en sus dimensiones, lo que conlleva a una caída en la capacidad productiva. Esto ya declarado, con mesura, por el Banco Central en nuestro caso, y adelantando a nivel mundial por el FMI, hace algunos días atrás.

Las medidas de flexibilización y expansión monetaria no llegan a todos por igual. Los productores, empresarios y o emprendendores que representan una situación de mayor riesgo no percibirán el apoyo del sistema, aunque las tasas estén en cero, porque ya tienen deudas y no están pudiendo activar sus fuentes de ingresos, por lo que no les prestarán los recursos. Los participantes de la fuerza de trabajo que no tienen contratos activos o que no cumplen con las condiciones de exigencia para recibir el paquete de medidas de apoyo gubernamentales, se quedan fuera, sin ingresos y con una economía paralizada que no activa ni crea nuevos puestos de trabajo.

La digitalización como respuesta a la imposibilidad de tener contacto físico, tendrá efectos en la productividad y en el producto. La distancia no permite responder a todos los requerimientos, en especial cuando las personas obligadas a realizar sus labores habituales a distancia no tienen los elementos ni la preparación adecuada para hacerlo. La formación de estudiantes a distancia tiene inciertos resultados frente a posibles carencias en el proceso de desarrollo y alcance cognitivo de los individuos en formación y, sin duda esto podría tener efectos, en caso de perder el año académico, con costos en recursos y también en el logro de ciertos objetivos del aprendizaje. Por otra parte, la formación a distancia podría tener otras ventajas y mejoras no evidenciables aún en materia de alcance e impacto al conducir el proceso de aprendizaje hacia el individuo y no desde el docente.

Mi reflexión final viene ligada a la efectividad que pueda tener en el corto plazo, el abrir las billeteras del mundo de par en par, cuando esto ya se venía haciendo desde hace un tiempo, con otras magnitudes, sin que la economía mostrara cambios de tendencia marcados frente a estos estímulos, considerando adicionalmente que aún no es posible precisar que puede ocurrir cuando los pilares estructurales se han visto alterados por un virus que nos obligo a quedarnos en casa. 


Nicole Stuckrath