Nicole Stuckrath R.



Nicole Stuckrath R.

A pocos días de conocer el resultado del informe sobre competitividad mundial, destaca el hecho que todas las economías latinoamericanas consideradas, en dicho ranking, han perdido posiciones de manera muy significativa. Pilares agrupados en áreas como institucionalidad, Infraestructura, entorno macroeconómico, salud y educación, desarrollo, eficiencia, tecnología e innovación, todos ellos planteados innumerables veces en los programas de gobierno locales, no son capaces de evidenciar avances debido a la incapacidad de aplicar transformaciones reales, por medio de reformas disruptivas, las que parecen inviables de frente al sistema burocrático, rígido y de severa miopía local, profundamente enraizado en la región.

Mientras más rupturista el cambio más fuerte se siente el proceso dentro de la cadena productiva, donde las empresas e industrias van integrando estos ajustes en sus líneas de producción, el uso de recursos, la formación e inversión en el recurso humano que determina el tipo de trabajador que se requiere, entre varios más.

Lo que es evidente es que Chile no podrá alcanzar tasas de crecimiento potencial promedio sobre el 5% o 6%, como en alguno de sus mejores momentos económico, solamente explotando recursos naturales sin evaluar como incorporar valor agregado.

Los empresarios de diversos sectores visualizan algunos cambios en el comportamiento económico y cierta reactivación de los negocios pero, estos, están siendo absorbidos por capacidad instalada disponible y no explicados por nuevas instancias de inversión que permitirían blindar a los fundamentos para asegurar un senda de expansión de mayor magnitud.

La postura, claramente más “hawkish”, de la Reserva Federal, devenga en especulación a favor de la moneda americana, la que sigue ganando terreno frente a otras divisas cuando se manifiestan nuevos riesgos del entorno.