Optimismo, desazón y esperanza

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Mario Astorga3


Soy de los optimistas. Creo que la encuesta CEP de Diciembre del 2019, Estudio Nacional de Opinión Pública N° 84, nos recuerda que la gran mayoría de los chilenos somos racionales; preferimos la democracia a cualquier otra forma de gobierno; nos damos cuenta de las profundas desigualdades que hay en la sociedad chilena y queremos cambiarlas; privilegiamos soluciones concretas como mejoras en las pensiones, la salud, la educación y el salario mínimo por sobre acuerdos políticos en relación al proceso constitucional; apoyamos más a los políticos capaces de conseguir acuerdos por sobre aquellos que son incapaces de transar y que buscan agudizar las contradicciones; la gran mayoría de los chilenos rechazamos la violencia como estrategia para conseguir los cambios necesarios.


La desazón se me genera porque el gobierno, el congreso y los partidos políticos, que son quienes tienen la tarea de acordar e implementar las soluciones, son las instituciones con el menor grado de respaldo en la ciudadanía, apenas entre un 2 y un 5 % cada uno de ellos; es más, dado el error estadístico declarado por el estudios (3%), podrían no tener respaldo alguno. 


Este bajo respaldo no es gratuito; es cierto que todas las instituciones han sufrido una severa merma en el apoyo ciudadano; sin embargo, son muchos los errores cometidos por la llamada “clase política”, de todos los sectores, desde que comenzaron las movilizaciones sociales, y que los hace merecedores de este repudio colectivo. No es del caso volver a mencionarlos todos esos errores, no alcanzaría esta columna, pero es importante recordar algunos para mostrar la falta de sintonía de los políticos “profesionales” con el sentir de la ciudadanía.  La incapacidad de la centro izquierda para evaluar los costos de ponerse de lado de los violentistas y saqueadores, gastando toda su energía en denunciar las violaciones a los DDHH de Carabineros, y por ende poniéndose de espaldas al Estado de Derecho. La sordera y ceguera del gobierno para entender la magnitud del descontento social, hablar de guerra y hacer unas ofertas irritantemente miserables luego de los primeros días de las manifestaciones. La poca visión del conjunto de partidos políticos que privilegió llegar a acuerdos sobre un proceso Constitucional, que en nada iba a aliviar las miserables condiciones de los más vulnerables, en vez de concentrarse en resolver los verdaderos temas que motivaron a la población a salir a las calles. La miopía de la derecha, más preocupada de sembrar una campaña del terror para que gane la opción rechazo en el plebiscito, que a hacer propuestas en relación a los cambios que requiere la gran mayoría de la población.


A pesar de la desazón que produce el merecido bajo nivel de respaldo que tiene el “equipo” responsable de diseñar e implementar las soluciones en la ciudadanía se abre una luz de esperanza. En los últimos días se ha producido un gran acercamiento entre las posiciones del gobierno y oposición en materia de pensiones. Al parecer la clase política, ahora bajo la presión y mirada escrutadora de la ciudadanía, están comenzando a recuperar el tiempo perdido en los devaneos de las acusaciones constitucionales, interpelaciones a ministros, proceso constitucional, inclusión de género y exclusión de otras minorías relevantes del proceso constitucional y en el diseño del inmenso caudal de folletos a favor del rechazo y aprobación del plebiscito.



Los políticos que no sepan leer las señales tienen sus días contados. La gran mayoría de los chilenos tiene muy claro lo que quiere.


Mario Astorga De Valenzuela