Un Gobierno de Unidad Nacional

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Luis Riveros (columnista)


Una crisis de Estado! Es lo que estamos viviendo integrando un cúmulo de problemas que no habían sido correctamente o suficientemente abordados, como es el caso de las políticas sociales. Es evidente que uno de los problemas más serios radica en temas de pensiones y bajos ingresos laborales, los cuales han carecido de enfoques realistas de políticas que vayan más allá de los tecnicismos y aborden el fondo político existente. La ausencia de una efectiva solidaridad intergeneracional y de adecuada educación ha carecido de políticas suficientes, y se ha insistido a lo largo de treinta años en un “más de los mismo” en cuanto a reforma previsional, formación de profesores y diseño y práctica del proceso educativo. El abandono de la educación tiene por resultado visible la baja productividad laboral y la ausente educación cívica. AL mismo tiempo, cuando prima el sentimiento de injusticia y desigualdad, cuando las poblaciones viven a merced de la delincuencia, y cuando el pobre es despreciado y negado su acceso a una vida decente, entonces tenemos un caldo de cultivo cuya explosión hemos presenciado. Estos son problemas de Estado, mal atendidos o minimizados en el intento, por ejemplo, de tapar con bonos las carencias estructurales que se acumulaban.

Pero esto ha sido sólo parte de la protesta. También han entrado en juego la delincuencia y el narcotráfico, que hacen de las protestas una verdadera inversión en territorios ampliados y en ganancias materiales derivadas del saqueo. Aquí se ha mostrado una crucial falla del Estado, más allá del problema en si mismo, porque éste no ha sido capaz de garantizar la seguridad de una población que vive bajo el terror de la delincuencia y el vandalismo. Esto lo auspician quienes saben muy bien que existe una línea divisoria entre el vandalismo y la legítima protesta social, pero que lo incentivan en el intento de un verdadero golpe contra el gobierno democráticamente electo. Aquí se enarbola la reforma constitucional como un gran remedio para el inconformismo social. Sabemos que discutir un nuevo pacto social es importante y que para ello la discusión constitucional es importante, alejada de la coyuntura y de las disputas políticas. Pero hay un grave riesgo si a la población desencantada y apremiada por los acontecimientos recientes y sus problemas estructurales, se le dice que la solución está en la nueva constitución que probablemente emergerá en un par de años.

Y en todo este escenario, Chile está entrando en una recesión que dominará al menos tres o cuatro meses, y que será liderada por la caída del consumo y de la inversión. Con un desempleo que podrá bordear el 10 por ciento de la fuerza de trabajo, y una inflación que empieza a mostrar signos preocupantes, el inconformismo social tenderá a mantenerse y aún a extenderse precisamente en aquellos que han sido directa o indirectamente perjudicados por el estallido que se mantiene por más de un mes. Es necesario dar señales claras de atención a esta dimensión del problema.

Chile vive un tremendo riesgo institucional, y su democracia está amenazada por el disturbio que introduce el descontento social y la baja credibilidad que tienen todos los políticos. Es efectivamente preocupante que las señales que han emanado de la ex Concertación sobre la necesidad de afianzar la democracia, han sido débiles o ausentes. Es urgente dar una señal potente de solidez institucional, que solamente puede tener lugar a través de un gobierno de unidad nacional. Esto significa acuerdo para reestructurar el Gabinete, incluyendo personas de distintos signos y visiones tras un programa concreto de estabilización política y normalización. Sabemos que los de siempre se negarán a esta salida y los políticos tratarán de eludir un compromiso republicano, mirando más el rédito electoral de corto plazo que el futuro de la república. Pero los partidos y dirigentes democráticos deberían estar dialogando sobre la construcción de una salida que no será posible en las actuales condiciones sin hacer concesiones y obtener un verdadero acuerdo de unidad. Esto requerirá un pronunciamiento claro de todas las fuerzas políticas y de sus representantes, enfrentando como alternativa la posibilidad de un rompimiento del Estado de derecho, en ausencia de un Gobierno que tome decisiones y enfrente la crisis de una manera solvente y decidida.

En esta hora preocupante es cuando los verdaderos liderazgos deben aflorar, frente a una ciudadanía desencantada y desorientada. El diálogo político existente parece lejano a las sombrías circunstancias que estamos viviendo. Frente a la historia y al futuro, es necesario un golpe de timón y lograr un acuerdo sustantivo para impulsar una salida sostenible a la terrible situación que vive Chile.


Prof. Luis A .Riveros