Ausencia de futuro

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Luis Riveros (columnista)


Chile sufre una grave y prolongada crisis. Unos la vinculan sólo al ámbito político, otros la reconocemos además en otras dimensiones: valórica, social, institucional, de confianza. Hay quienes enfatizan el desorden, la violencia, la falta de liderazgos e ideas innovadoras y ponen el foco en las opciones políticas tradicionales para enfrentarla. Otros creemos que esto va más allá de soluciones tradicionales basadas en pactos políticos o el otorgamiento de subsidios o bonos. La crisis política e institucional sin precedentes que vivimos está marcada por la lejanía de los actores políticos de las inquietudes ciudadanas, además de la pérdida de fundamentales valores republicanos en nuestro modelo de desarrollo, tales como la solidaridad y la tolerancia. Las respuestas de los partidos políticos y sus alianzas han sido insuficientes para frenar el descontento y la desilusión que proyecta la actual crisis moral de la República. Necesitamos un proceso de refundación republicana que sostenga una, hasta ahora ausente, mirada de largo plazo para Chile.

La marcha que vimos el día viernes pasado no era en pro de ciertas miradas políticas ni respondía a manifestación partidista alguna. Era una juventud que ponía ante todo el país un reclamo sobre el actual estado de cosas: la indiferencia sobre la desigualdad y el abuso; la falta de oportunidades en medio de un mundo materialista e individualista; el forzar todo a una competencia que, sin embargo, requiere mucho más de colaboración. Esa juventud expresó en las calles sus temores como también sus ilusiones. La reacción ante eso debe dar paso a la construcción de un modelo distinto de desarrollo, que capitalice bien lo que se ha obtenido hasta ahora, pero que sea capaz de proyectar mejor sus resultados para una ciudadanía ansiosa de recuperar un futuro más cierto y más acogedor. Los actores políticos han tratado de capitalizar esta manifestación como un triunfo propio. Se equivocan: se trata de una manifestación de la derrota de todos los políticos y de las desgastadas fórmulas que han prevalecido durante las últimas tres décadas.

La señal de cambio debe ser rotunda, y alejada de las soluciones de la política tradicional, anclada en un modelo que atenta contra el sentido de comunidad y promueve un enfoque reduccionista del ser humano. Cuando son miles los que se han expresado contra las instituciones, gobierno y parlamento incluidos, se pone de relieve que se esperaba no sólo un cambio ministerial, sino un cambio en la forma de gobernar, de hacer política y de enfocar la crisis institucional que vivimos. La juventud vive una crisis de confianza asentada en una ausente formación ciudadana a la que nunca se le dio acceso, y a mecanismos de participación que nunca han abierto campo para el libre juego de las ideas. Es urgente que se defina un curso de acción que inicie un camino de recuperación de las confianzas, enmiende el modelo de desarrollo y proporcione la oportunidad de renovar la política para que los bienes privados y los bienes públicos contribuyan al objetivo de comunidad para el cual deben ser diseñados. En ese sentido, el cambio de Gabinete y la preocupación parlamentaria por una acusación Constitucional, no son buenas señales Todos debemos mirar más allá del horizonte, hacia un futuro más cierto, sustentable y equitativo, superando el cortoplacismo del que hemos sido víctimas en el pasado reciente. Eso es lo que espera la juventud chilena y lo que ´ha mostrado en sus manifestaciones. Esa es la manera de aislar al violentismo y la anarquía que se ha instalado en las demostraciones y que agreden a la ciudadanía y la legítima protesta.


Luis A. Riveros