Actitud antiuniversitaria

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Luis Riveros (columnista)


Ha causado comentarios en redes sociales el caso de la estudiante de la Universidad de Chile que fue agredida por sus compañeros bajo el argumento de ser ella una persona de derecha. Esto muestra el progresivo avance que tiene la crisis de nuestro sistema público de educación en el campo valórico y político. El Instituto Nacional, por ejemplo, está virtualmente dominado por grupos extremistas, cuya acción permanente pone en entredicho el derecho de los estudiantes a disentir y debatir al interior de la organización estudiantil formal. En este caso se ha impuesto una estructura de gobierno estudiantil basado en la anarquía y la violencia, además de carecer totalmente de argumentos válidos, todo lo cual poco tiene que ver con la diversidad que deben garantizar las instituciones de educación pública. La Universidad de Chile, una institución emblemática de la libre expresión, se empieza a inscribir en un camino similar de imposición forzada de ciertos marcos ideológicos. El Centro de Alumnos de la Escuela de Derecho, como ejemplo palmario de esto, emite un estatuto que restringe la libertad de conciencia de los estudiantes, al imponérseles un estricto marco doctrinario que todos los estudiantes deberían adoptar. Asimismo, una estudiante ha sido repudiada por sus compañeros quienes han exigido que no permanezca en la sala de clases, bajo el expediente de acusaciones relativas a su pensamiento político, acción aparentemente sin oposición aún por parte del profesor. Se pone en riesgo la libertad de enseñanza, y ello ameritaría consideración de las instancias encargadas de resguardar el comportamiento ético en las actividades académicas, y medidas disciplinarias. La actitud adoptada contra esta estudiante simboliza el intento de imponer marcos ideológicos excluyentes, lo cual es totalmente contradictorio con la idea de universidad, especialmente con la tradición de la Universidad de Chile. Es importante poner atajo a estas manifestaciones verdaderamente fascistas que no hacen más que degradar a la primera universidad del país y ponen en entredicho a las propias organizaciones estudiantiles, las cuales han guardado silencio frente al hecho denunciado. Esto mismo subyace a la poca representatividad que éstas han adquirido, precisamente por propiciar una actitud excluyente y discriminatoria, llevando un mensaje hacia la sociedad que contradice el mensaje de libertad de pensamiento que debe emanar de la Universidad.


Prof. Luis A. Riveros