Toma de Decisiones, o de Buenas Decisiones?

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Juan David Quijano (Columnista)La toma de decisiones es inherente a la vida humana y a los negocios, está presente en cada acto de nuestras vidas y muchas veces lo hacemos sin siquiera estar conscientes de ello.

Se dice que la toma de decisiones es un proceso sistemático y racional por medio del cual se selecciona entre varias alternativas, el curso óptimo de acción.

Sin duda este proceso puede tener distintos niveles de complejidad según la materia sobre la que se deba decidir, las posibles consecuencias que se deriven de estas decisiones, los recursos que se requiera (humanos, económicos o tecnológicos), la información disponible y su confiabilidad, los plazos para decidir, el número de personas que se puedan ver afectadas, etc.

Adicionalmente, la complejidad es mayor según el número de alternativas que existan y la confiabilidad de la información respecto de cada una de ellas.

Algunos textos mencionan ciertos requisitos para tomar decisiones especialmente en el mundo de los negocios, tales como: considerar el costo beneficio, definir las restricciones y limitaciones, conocer aspectos formales de la organización, como son su cultura, políticas internas, disponibilidad de recursos, estructura organizacional, etc.; además de considerar los factores externos, como el entorno político, económico y social.

Sin duda la toma de decisiones es inherente a cada persona y por supuesto forma parte importante de las responsabilidades de los directivos de empresas, políticos y gobernantes de una nación, ya que de la calidad de estas decisiones dependerá en gran manera el adecuado funcionamiento de un negocio, de un pueblo o de un país.

Pero es importante no olvidar que las decisiones traen consecuencias, buenas o malas, y que poseen un efecto multiplicador, ya que pueden afectar a muchas personas. Tampoco debemos olvidar que sólo somos dueños de escoger una alternativa sobre varias más, pero no somos dueños de decidir sobre los efectos o consecuencias de esa decisión; por ejemplo: si erróneamente decido lanzarme de un edificio, antes de hacerlo soy dueño de esa decisión, pero una vez que decido saltar ya no puedo decidir el efecto que esto tendrá, que sin duda sería estrellarme contra el suelo y posiblemente morir.

Dado lo anterior, es fundamental que ante las decisiones importantes de nuestras vidas, pidamos a Dios su ayuda y dirección, ya que nadie conoce el futuro y en ocasiones es difícil visualizar con exactitud, las consecuencias o efectos inmediatos que nuestras decisiones tendrán sobre nuestros hijos, sobre nuestras familias o sobre nosotros mismos.

Por eso, al igual que Josué cuando se dirigió al pueblo de Israel y les dijo que decidieran a quién iban a servir, si a Dios o a los dioses de Egipto, digamos también nosotros “Yo y mi casa serviremos a Jehová”, ya que estoy seguro que esa decisión cambiará nuestras vidas y las de nuestras familias.


Juan David Quijano S.