Asech y la disyuntiva ¿Emprendedor o Empresario?

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Gonzalo Jimenez (Columnista)La reciente renuncia de cuatro directores; varios de ellos bastante nuevos; a la Asociación de Emprendedores de Chile (Asech) ha generado un revuelo en los medios y redes, la cual trae consigo una excelente oportunidad de aprendizaje y reflexión respecto al futuro del país como ícono de emprendimiento e innovación.

Hay que comenzar desde el principio: ¿qué es emprender? Puede decirse con propiedad que este concepto implica aprender dinámicamente, sobre la marcha, sin dejarse abatir, ni doblegar, con la flexibilidad de evolucionar, y de ser capaz de auto-cuestionarse e incluso cambiar radicalmente sus objetivos, aunque siempre manteniéndose fiel a los propios valores. Es por tanto a la vez un acto recurrente de autenticidad y pragmatismo, y la única forma de manejarse y tomar decisiones ante la incertidumbre.

Sin embargo, es también un acto social, colectivo, que trasciende a las individualidades, en que se ponen en juego los valores personales y las confianzas interpersonales. Y que tiene como eje la construcción de una identidad compartida, a partir de la cual emerge lentamente una visión trascendente. Ello, sin dudas, será golpeado miles de veces por las olas de la implacable realidad, externa, pero también interna, forjándose y templándose a fuego y hielo, hasta alcanzar todo su potencial, haciendo carne la frase “carácter es destino”.

¿Qué ocurre cuando ese emprendimiento es una “cooperativa de emprendedores”, tal como lo es Asech? Los sucesos de las últimas semanas nos permiten sacar algunas lecciones tanto para la persistencia de la reconocida institucionalidad emprendedora del país, como para cualquier emprendedor o innovador corporativo enfrentado a puntos de inflexión y encrucijadas decisivas.

Como la han descubierto Saras Sarasvathy y el Nobel en Economía, Herbert Simon, los emprendedores expertos no parten por objetivos ideológicos, auto-convenientes, ni prefijados –por ejemplo re-diseñar el sistema tributario, sino por aspiraciones generalizadas –en este caso, mejorar, simplificar y facilitar la situación tributaria de las Pymes emprendedoras-. Los empresarios, en cambio, sí tienden a guiarse por sus objetivos, puesto que tradicionalmente han navegado, en vez de ser sacudidos incesantemente por oleadas de incertidumbre en sus realidades de negocios. O al menos así solía ser.

¿Cuál es la diferencia entre unos y otros? Los primeros persiguen objetivos según su rentabilidad esperada: el impacto de un cambio tributario va directo a la última línea del negocio, y por eso se la jugarán al todo o nada. Los segundos, en tanto, deciden en función de la pérdida aceptable y por ello saben que deben colaborar con todos los disponibles para continuar avanzando, incluyendo el negociar algunos objetivos, puesto que el verdadero riesgo es estancarse y no progresar en su vulnerable situación.

Para los emprendedores, lo que cuenta es tener un pájaro en mano, y esos son sus medios, tales como su identidad, su impresionante número de asociados y sus valores, en el caso de Asech –a los que se deben y que determinan su razón de ser-. Para los empresarios, en cambio, los recursos son relevantes, pero no trascendentes, al ser esencialmente alcanzables en función del objetivo final. ¿La propia participación en la Asech podría ser vista por algunos, sólo como un recurso o una palanca para alcanzar un fin económico o ideológico superior e individual? Dejo abierta la pregunta.

Por lo tanto, la dificultad que se ha producido radica en una confusión respecto a la distancia y distinta naturaleza que existe entre un emprendedor y un empresario. La Asech es una asociación de emprendedores, una modesta y valiosa capilla a la intemperie. Sofofa y CPC son el Vaticano de los empresarios.

¿Cuándo se deja de ser uno y se pasa a ser otro? No hay que obviar que el emprendedor eventualmente será empresario y que el empresario, para sobrevivir hoy, debe también continuar o volver a convertirse en un emprendedor.

El mismo Marx se equivocó al identificar sólo a dos actores, capitalistas y proletarios, algo que Schumpeter corrigió, abriendo el conocimiento a una realidad donde se suma el emprendedor. Es decir, está el que tiene los recursos, el que ejerce el liderazgo, y también el que articula y pone en acción las ideas y proyectos, y a sus colaboradores.

Todos somos testigos de cómo ese modelo se sigue replicando y adaptando a nuevos entornos y realidad. De hecho, esa dinámica hoy está más presente que nunca con los recientes ecosistemas de emprendimientos levantados por jóvenes, talentosos e imbuidos de los “animal spirits”, ese impulso a la acción emprendedora destacado por John Maynard Keynes.

¿Pero acaso hay un comienzo y un fin de esos momentos? ¿No estamos viendo que incluso las empresas más tradicionales y conservadoras están tratando de sumarse e innovar con todas sus fuerzas? Ése, de hecho, es actualmente el único camino al éxito y a la sobrevivencia, que no sólo el emprendedor enfrenta en sus primeros años sino también las grandes compañías que se han visto opacadas con arrasadoras apuestas tecnológicas que han cambiado incluso la forma de hacer negocios. Teniendo esto incorporado, se podrían evitar los conflictos dentro de gremios claves, reconociendo que cada cual tiene su espacio y su oportunidad. Y quizás Asech es un lugar sólo para emprendedores y Sofofa o CPC para los empresarios consagrados y consolidados.

Tal como el siglo XX fue el de los empresarios, el XXI es el de los emprendedores; y Asech es una institución a cuidar, preservar y reforzar, respetando su identidad “cooperativa”, sus valores de igualdad, valentía y disrupción, y fortaleciendo continuamente su governance y liderazgo.


Gonzalo Jiménez

Doctor en Governance de la U. de Liverpool

CEO de Proteus Management Consulting

Profesor Ingeniería UC y Director Programa Governing CGCUC