Emprender a los 50+ años: ¿Utopía?

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Harald Ruckle (columnista)


Frecuentemente nos encontramos con profesionales quienes tienen, a partir de cierta edad “avanzada”, dificultades de encontrar un nuevo empleo, a pesar de una exitosa trayectoria corporativa. Muchos de ellos juegan con la idea de iniciar un emprendimiento. Como alternativa, a veces como sueño postergado, o como reacción al cansancio de “tener jefe”. ¿Es realista?

Dentro del universo de nuevas empresas, destacan las estadísticas, hay un porcentaje relevante de emprendedores no tan jóvenes. Entonces, es posible. Lo que no sabemos es cuantos de los que sueñan con emprender efectivamente se atreven de realizar un proyecto empresarial, a la edad señalada y por primera vez.

Aquí unas reflexiones para los que están contemplando tomar este camino. Es muy distinto ser emprendedor o empleado. Incluso no es lo mismo ser emprendedor o convertirse en “empresario”, en el sentido de comprar una participación en una compañía ya establecida. En esta columna nos referimos a “hacerse emprendedor”, después de décadas trabajando como empleado en una función gerencial. Fundar una empresa desde cero.

Hay que “desaprender” muchas cosas de la experiencia acumulada en las empresas de otros. Suena provocativo. La estrategia estrechamente definida, los planes de negocios ultra-detallados, los estudios sofisticados del mercado y las reuniones eternas de coordinación difícilmente son los pilares esenciales de un emprendimiento. Especialmente la búsqueda de la oportunidad “dorada” muy probablemente termine con la conclusión que nunca llegará.

¿Entonces como se hace? Se empieza con lo que uno está dispuesto a perder. Pueden ser 10MM o 300MM, depende de cada persona. Se trata de no apostar “la casa”, el futuro familiar. A esta edad será difícil recuperar una existencia vital. Una vez fijada la pérdida aceptable, el factor riesgo ya distorsiona menos. Se puede dormir tranquilo, y sobre todo, ir a la acción sin que el miedo nos paralice en cada esquina. ¡Y esquinas habrá de sobras!

Otro factor en el ámbito emocional son las ganas y la resiliencia de esforzarse con resultados inciertos, y usualmente sin flujos positivos al principio. Renunciar al estatus de integrar una empresa prestigiosa. Eso de no tener jefe, este personaje del pasado será re-emplazado por nuevas “bestias”: clientes (o la falta de ellos), bancos, socios, empleados. Tener una fuerte auto-consciencia, quien soy realmente. Es a lo menos cuestionable que uno sea, a esta altura, un “emprendedor innato”. Pero se puede.

Olvidarse de la des-formación intelectual de que encontremos la respuesta mágica en el mercado, “afuera” la meta ideal brilla por su ausencia. En lugar de eso, ver lo que uno ya tiene “adentro”. Que sabemos hacer, de verdad. No hablemos de “dirigir” gente, sino producir un bien o un servicio. ¿A quiénes conocemos? Un primer cliente, (¡o mejor un negocio pre-cerrado!), el acceso favorable a insumos cruciales o a trabajadores calificados, el cuñado que nos puede abrir una puerta, nuestra red de contactos. ¿Quién cree en nosotros, convirtiéndose en un aliado, y nos dará el primer chance? ¿O contamos con algún activo tangible, un terreno, una bodega, una camioneta? ¿Un activo intangible? ¿Una relación fundamental para iniciar el negocio, o un conocimiento específico, demandado y atractivo para alguien?

Una vez lanzado a la aventura empresarial, tener las antenas bien alertas para las oportunidades que se cruzan en el camino. El porfiar en las definiciones iniciales es solo para los Steve Jobs de este mundo. Dicho eso, perseverar en la convicción de triunfar, independientemente a donde exactamente nos lleve el destino, es una condición in-transable para ser emprendedor.

En la academia, este enfoque se llama “effectuation”. Conceptualmente es consistente con la perspectiva estratégica “basada en los recursos (internos) claves”, divulgada por autores como Grant, Prahald y Hamel. En una reciente entrevista radial, el profesor Doctor Gonzalo Jiménez visualiza “effectuation” en la siguiente manera. Para ofrecer una cena a amigos, podemos definir el menú y salir a comprar los ingredientes. Así nos han enseñado antiguamente en la universidad y también en las corporaciones. O, ver lo que ya tenemos en la casa, y construir de allí una comida deliciosa. Quizás más apta para otros amigos.

Encuentre lo que ya tiene “de valor” en las estanterías de su vida. Después, “just do it”. ¡Éxito!


Harald Ruckle, 

Chartered Director del Institute of Directors UK