Rodrigo Aravena

​Barrio Meiggs, el desafío de un “Chinatown” ordenado

El barrio Meiggs pasa por momentos difíciles, que ponen en riesgo su fama de polo comercial; altos índices de delitos asociados a sus manzanas, alto número de delitos y conflictos entre bandas de vendedores ambulantes, se han hecho frecuentes en el barrio; una feria abierta y desregulada, donde la Ley del más fuerte puede imponerse sobre el débil orden público y planificación.

​Desafío para la densificación en nuestras ciudades

La integración social en nuestras ciudades es quizás uno de los grandes desafíos de la planificación urbana actual, donde el discurso y la acción deben alinearse detrás de políticas claras y rotundas, que eviten acciones locales confusas y muchas veces contradictorias.

​La vivienda en altura tras la pandemia

El confinamiento nos ha mostrado que, si bien es posible hacer casi toda la vida de forma remota desde nuestras viviendas, es deseable y posible mejorar el programa y diseño de nuestras viviendas y edificios, para hacerlos adaptables a una vida que contemple mayor permanencia y múltiples actividades desde casa. Ese es el desafío de toda arquitectura; adaptarse y mejorar las condiciones de habitabilidad de las personas, respondiendo a los cambios sociales y culturales.

Se arrienda pieza compartida

¿Cuánto cuesta “arrendar una cama” dentro de una habitación, compartida con tres o más personas en la RM? En barrios del centro de la ciudad, entre 120.000 y 150.000 pesos. En Cerro Navia, Recoleta o Quilicura, desde 100.000 pesos. En casas antiguas, que se han dividido hasta más no poder, “viven” familias enteras, inmigrantes mayoritariamente, hacinados en piezas ciegas, húmedas en invierno y en condiciones higiénicas deplorables, que son caldo de cultivo para la proliferación de enfermedades.

​Coronavirus: No es la densidad el problema; es el hacinamiento

La pandemia del COVID-19 nos ha confinado a vivir bajo aislamiento social, obligados a tomar distancia entre nosotros en espacios públicos, o incluso aislarnos en nuestras propias viviendas. De sorpresa, este enclaustramiento ha anulado de forma la vida colectiva tradicional, que elogiábamos como el beneficio de vivir en densidad, aprovechando las economías de aglomerarnos en torno a un barrio, usar intensivamente el transporte público o encontrarnos en espectáculos masivos. Es decir, en todo lo que hacíamos de forma agrupada, colectiva y colaborativamente.