El debate por parte de autoridades civiles y militares argentinos no se ha desbordado, pero insinúa un larvado conflicto. Sobresale en esto las afirmaciones que contienen la amenaza explícita por parte de algunos personeros en orden a hundir el barco Danstar, de bandera chilena, que zarparía desde Punta Arenas hacia Las Malvinas. Posición inexplicable, porque barcos de otras banderas navegan con normalidad hacia ese punto. Entonces puede esto leerse como una velada amenaza contra Chile, a pesar de que el dicho barco transportaría sólo mercaderías de particulares, y no se trata de una actividad “oficial” que amenace los intereses del estado argentino. Tampoco ello denota ninguna contradicción con los intereses oficiales de argentina en su disputa con Inglaterra, con la cual ha solidarizado Chile. Todo esto constituye, además, una contradicción con el hecho que la República Argentina desarrolla un activo intercambio comercial con los ingleses a pesar de la disputa por la posesión de ese territorio.
El Estrecho de Magallanes se rige por el Tratado de Límites de 1881, que lo neutraliza a perpetuidad y asegura la libre navegación, y por el Tratado de Paz y Amistad de 1984, vigente desde el 2 de mayo de 1985. Chile es además parte de la Convención del Mar, firmada en 1982 y ratificada en 1997. El transporte de mercaderías por parte de particulares es una navegación no perjudicial para los intereses argentinos, a pesar de que Argentina ha insistido en una visión distinta, sin desconocer que el Estrecho es chileno. Así, ha mencionado su interés en desarrollar investigación conjunta sobre el área, bajo el indisimulado objeto de proyectarse hacia territorio antártico y dar aliento a sus aspiraciones de salida al Pacífico con el dominio de la plataforma continental.
A este respecto, conviene no confundir dos decretos argentinos distintos. El Decreto 457/2021, firmado por el presidente Alberto Fernández, trata al Estrecho como un espacio de «control conjunto», en abierta contradicción con el Tratado vigente desde 1985. Esto fue protestado oportunamente por el Presidente Piñera el mismo año 2021. Por su parte, el Decreto 256 del año 2010 exige autorización argentina a los buques que lleven carga a las Malvinas por aguas que Argentina considera jurisdiccionales. sin mencionar al Estrecho, este decreto contradice al artículo 10 del Tratado de 1985, que obliga a Argentina a respetar la navegación de buques de todas las banderas hacia y desde el Estrecho. Al mismo tiempo, el mencionado decreto se contrapone con la aludida Convención del Mar ratificada en 1997. A pesar de todo esto, el gobierno trasandino no ha derogado el Decreto 457, a pesar de las declaraciones verbales en orden a reafirmar que el Estrecho constituye indiscutiblemente territorio chileno.
Todo esto dibuja un escenario preocupante que ocurre en medio de variadas declaraciones y advertencias. Argentina, por ejemplo, ha dictado un decreto militar que declara secreta las compras de armas, las cuales se inscriben en una estrategia de fortalecimiento de sus capacidades bélicas. Asimismo, ha prevalecido un notorio silencio oficial sobre las otras declaraciones y acciones, especialmente las acaecidas desde las jefaturas militares. Chile ha tenido reacciones enmarcadas estrictamente en lo diplomático, a pesar de que muchas situaciones insinúan un creciente conflicto.
Chile y Argentina están hermanados desde los tiempos de la independencia por los objetivos de libertad y cooperación. Es lo que dio fundamento a la alianza de O´higgins y San Martín, y lo ratifica toda una historia de lazos fraternales, que se han hecho parte de la vida diaria en varias regiones de nuestros países que comparten población y propósitos comunes. Ambos países enfrentan el reto de lograr días mejores en lo económico, lo social y en cuanto a un progreso tecnológico favorecedor de un crecimiento con equilibrio y equidad social. Ambos pueblos alientan estos objetivos importantes, y los gobiernos deben tener esta apreciación para superar todo posible conflicto. La mirada de futuro debe prevalecer sobre los afanes de confrontación que puede ciertamente atraer a variados actores, evitando una crisis que hasta ahora sólo se desenvuelve en medio de afirmaciones y especulaciones.
Prof. Luis A. Riveros
IEIPP Universidad del Alba