Sr. Director,
El debate sobre la exigencia universitaria instaló la caricatura de la "generación de cristal": estudiantes que reclaman por sus notas y cargas académicas sin asumir el esfuerzo de aprender. No es un debate nuevo ni exclusivo de Chile. En 2025, The Chronicle of Higher Education describió las dificultades de enseñar a jóvenes con hábitos y habilidades diferentes, que buscan sentido y conexión en las aulas.
Pero toda caricatura simplifica y reduce burdamente la realidad. A la "generación de cristal" podríamos oponer la caricatura de la "docencia de piedra": profesores aferrados a métodos y evaluaciones del pasado, convencidos de que antes se aprendía más porque se sufría más.
Cuestionar una clase o evaluación no equivale a rechazar el esfuerzo: puede revelar el sinsentido de tareas que premian la repetición, suprimen la creatividad y horas de trabajo que no producen aprendizajes relevantes. Enseñar bien exige preparación, experimentación, colaboración y mejora continua. ¿Cuánto invierten nuestras universidades en capacitar a sus docentes, reflexionar sobre sus prácticas y transformar la experiencia educativa?
No se trata de bajar la exigencia ni justificar la irresponsabilidad, sino de revisar cómo enseñamos y evaluamos. En vez de oponer un bloque de piedra frente a los frágiles cristales, la docencia debiera consistir en pulir y hacer brillar los diamantes en bruto que transitan por las salas de clases.
Juan Luis Cordero
Vicerrector de Experiencia Estudiantil y Transformación Digital UNIACC