La discusión presupuestaria ha vuelto a poner en cuestión la continuidad de “Yo Elijo mi PC”, creado en 2008 para reducir la brecha digital entregando computadores a estudiantes vulnerables. Después de años de evaluaciones deficientes, parece razonable preguntarse si el programa debe seguir existiendo. Pero quizás estamos sacando la conclusión equivocada. El problema no es que el programa haya fallado: es que nunca estuvo bien diseñado para lograr lo que prometía.
En 2007 Uruguay inició una política aparentemente similar: el Plan Ceibal, que entregó un computador a cada alumno de la educación pública. La idea parecía simple, casi idéntica a la chilena. Sin embargo, Ceibal se convirtió en una de las políticas de transformación digital más reconocidas de América Latina. ¿Qué hicieron ellos que no hicimos nosotros? La diferencia es conceptual. Chile creó fundamentalmente un programa de entrega de computadores. Uruguay construyó un ecosistema.
Ceibal entendió desde el primer día que la tecnología no es un fin, sino un habilitador. Por eso incorporó a los profesores, conectó las escuelas, desarrolló plataformas y contenidos educativos, capacitó docentes y creó sistemas de soporte y reparación. Después agregó enseñanza remota de inglés, matemáticas adaptativas, robótica, bibliotecas digitales y un conjunto de herramientas que permitieron integrar la tecnología al proceso educativo. El computador era importante, pero era sólo la puerta de entrada.
Chile, en cambio, fue eficiente comprando y distribuyendo equipos. El problema estaba en otra parte. La evaluación de Dipres de 2018 concluyó que el programa abordaba acceso y uso, pero no suficientemente el desarrollo de habilidades digitales para el aprendizaje. En otras palabras, confundimos acceso con capacidad. Entregar un computador no garantiza que el estudiante aprenda mejor, ni que el docente pueda enseñar de manera más efectiva, ni que la escuela incorpore prácticas pedagógicas digitales. El dispositivo es necesario, pero no suficiente.
El error de “Yo Elijo mi PC”, entonces, no es que entregue computadores. Es que está mal planteado. El computador fue concebido como resultado de la política pública, cuando debería haber sido apenas uno de sus insumos. La política se diseñó alrededor del objeto, no del propósito. Y cuando una política pública se organiza en torno al dispositivo, termina midiendo éxito en términos de unidades entregadas, no de capacidades desarrolladas.
Hoy, además, ni siquiera necesitamos necesariamente un computador. Una tablet económica permite acceder a internet, contenidos, plataformas educativas y herramientas de inteligencia artificial, con un ahorro en hardware superior al 70%. Ese ahorro podría destinarse precisamente a lo que nos faltó: contenidos, capacitación docente y desarrollo de capacidades. La pregunta nunca debió ser “¿qué dispositivo entregamos?”, sino “¿qué capacidades queremos desarrollar y cómo la tecnología las habilita?”.
Esto es particularmente importante ahora. La nueva brecha digital ya no separará solamente a quienes tienen internet de quienes no lo tienen. Separará a quienes sepan utilizar la inteligencia artificial para aprender, crear y aumentar sus capacidades de quienes queden como simples consumidores —o fuera— de esta revolución. La brecha ya no es de acceso: es de uso significativo. Y esa brecha no se cierra con hardware, sino con infraestructura educativa, formación docente y plataformas que permitan integrar la tecnología al aprendizaje.
Quizás sea razonable terminar con “Yo Elijo mi PC” tal como existe. Lo que sería un error es terminar también con el objetivo que nunca llegamos a cumplir. Uruguay entendió hace casi veinte años que entregar un computador no era el final de una política pública. Era apenas el comienzo. Chile todavía está a tiempo de corregir el rumbo: pasar de un programa de entrega de dispositivos a una política de desarrollo de capacidades digitales. No es un cambio administrativo. Es una decisión estratégica sobre el país que queremos construir.
Alfredo Barriga
Ex Secretario Ejecutivo de Desarrollo Digital
Autor de “Futuro Presente: cómo la nueva revolución digital afectará mi vida”
Profesor