MADRID, 21 (EUROPA PRESS)
El secretario del Consejo General de Colegios de Logopedas, Unai Pequeño, ha abogado por "una mayor presencia" de logopedas titulados y colegiados en el sistema educativo, especialmente en las etapas de Infantil y Primaria, para ayudar en la prevención, detección, evaluación, diagnóstico e intervención de dificultades del aprendizaje.
Pequeño ha abogado por una "mejor coordinación entre educación y sanidad" y ha reclamado "un acceso público según las necesidades de cada alumno, evaluaciones e intervenciones basadas en la evidencia y la continuidad de los apoyos en Secundaria cuando las dificultades sigan teniendo impacto".
Según ha resaltado, el objetivo de los logopedas "no debería limitarse a que el alumno cometa menos errores, sino favorecer su participación, autonomía y una percepción ajustada de sus capacidades".
Así lo ha señalado el portavoz del Consejo General de Colegios de Logopedas tras las primeras semanas del curso escolar, que ha advertido que pueden empezar a revelar posibles dificultades de aprendizaje, por lo que ha pedido a familias y profesores que permenezcan atentos a las señales.
"Estas señales deben preocupar especialmente cuando persisten en el tiempo y el menor progresa con mucha más dificultad de la esperable pese a haber recibido una enseñanza adecuada", ha explicado el logopeda, que ha instado a consultar en estos casos para facilitar una intervención temprana.
SEÑALES DE ALERTA
Entre los indicadores que pueden ayudar a detectar ciertas dificultades, Pequeño ha detallado que, antes de Primaria, se deben vigilar el retraso o las alteraciones persistentes del vocabulario, la gramática, la comprensión o la narración; dificultades de los sonidos del habla; y escasa sensibilidad a rimas, sílabas y fonemas.
También problemas para aprender nombres y sonidos de las letras; denominación muy lenta de colores, objetos, números o letras conocidos; antecedentes familiares de dislexia, trastorno del lenguaje o dificultades escolares persistentes, y problemas tempranos para comparar cantidades, aprender la secuencia numérica o relacionar números y cantidades.
Después, en Primaria, son señales de alerta la lectura de palabras o pseudopalabras lenta, laboriosa e inexacta; poco progreso en la asociación entre grafemas y fonemas, la ortografía o la automatización de palabras; comprensión lectora inferior a la oral; y escritura muy lenta y dificultades para planificar y revisar textos.
Asimismo, deben llamar la atención errores duraderos en conteo, magnitud, valor posicional, hechos aritméticos, cálculo o resolución de problemas, y necesidad de mucha más repetición y tiempo, con poca transferencia a tareas nuevas.
"Nos debe llamar la atención que evite leer o escribir, se bloquee ante los deberes, tarde mucho más de lo razonable, dependa continuamente de un adulto o empiece a decir que no sabe o que no puede", ha añadido.
¿CUÁNDO CONSULTAR?
El experto ha señalado que las familias y profesores deben consultar si las dificultades continúan varios meses, aumenta la distancia respecto a lo esperado para la edad, afecta a varios ámbitos o apenas hay progreso pese a un apoyo específico, intenso y supervisado.
"También deben vigilarse la ansiedad anticipatoria, las quejas físicas antes de ir al colegio, el aislamiento, la pérdida de autoestima o cambios marcados de conducta", ha señalado para apuntar que todo esto no confirma un trastorno, pero sí indica que la situación está afectando al bienestar del menor.
En esta línea, Pequeño ha destacado que se debe distinguir entre una señal de alerta, un factor de riesgo, un cribado y un diagnóstico, pues la primera "indica que existe una dificultad que merece observación", mientras que el segundo "aumenta la probabilidad y justifica seguimiento" y el tercero "selecciona a quienes pueden necesitar una evaluación o apoyo preventivo".
"Ninguno confirma por sí solo un trastorno. El diagnóstico debe integrar persistencia, gravedad, impacto y diagnóstico diferencial y valorar también factores como una enseñanza insuficiente, escolarización irregular, dominio limitado de la lengua de instrucción, problemas sensoriales no corregidos, discapacidad intelectual u otras condiciones", ha detallado.
Aun así, ha insistido en que no hace falta esperar a un diagnóstico definitivo para empezar con la intervención, ya que, aunque esta no hace desaparecer necesariamente una condición del neurodesarrollo, "puede mejorar las habilidades afectadas y reducir sus consecuencias académicas, funcionales y emocionales".