El 2027 ya empezó, aunque nadie lo note todavía en tu equipo de contabilidad. Cada vez que se anuncia una norma con fecha de entrada en vigencia pasa lo mismo: se mira la fecha, se da por hecho que hay margen de tiempo y se archiva el tema. Con la Normas Internacionales de Información Financiera (NIIF 18), esa reacción puede salir cara.
La norma, emitida por el IASB en abril de 2024, reemplaza a la NIC 1 y rige para los ejercicios que comienzan a partir del 1 de enero de 2027. Hasta ahí, nada que parezca apremiante. El detalle está en la letra chica: su aplicación es retroactiva. Eso significa que, para una empresa con cierre en diciembre, las cifras de 2026 —el año comparativo— también deberán presentarse bajo la nueva estructura. Dicho de otro modo, la preparación no es tarea de 2027; es tarea de este año.
Conviene despejar un malentendido de inmediato, porque más de alguien se va a asustar: la NIIF 18 no cambia el reconocimiento ni la medición de las partidas. No hay que "rehacer" la contabilidad de 2026. Lo que cambia es cómo se presenta y se revela la información. Es una norma de forma, no de fondo… pero esa forma altera de manera profunda la manera en que las empresas cuentan su desempeño.
¿Qué cambia en concreto? Por primera vez, el estado de resultados tiene categorías y subtotales obligatorios. Los ingresos y gastos se clasifican en tres grandes categorías —operación, inversión y financiamiento— y aparecen dos subtotales de presentación obligatoria: el resultado operacional y el resultado antes de financiamiento e impuestos. Puede sonar menor, pero estandariza algo tan básico y a la vez tan disímil como el "resultado operativo", que hoy cada empresa calcula a su criterio. Un cambio adicional que suele pasar inadvertido: los resultados de inversiones contabilizadas por el método de participación (VPP) se presentarán ahora en la categoría de inversión.
Hay un punto que merece atención especial, porque genera confusión. Cuando una empresa presenta sus gastos por función —costo de ventas, administración, distribución—, un mismo gasto por naturaleza, como la depreciación de la planta, queda repartido entre varias de esas líneas. Eso la NIIF 18 lo sigue permitiendo. Lo que ya no permite es que esa depreciación quede "escondida" dentro de las funciones sin explicación: la norma obliga a revelar, en una sola nota, cuánta depreciación, amortización y beneficios al personal está contenida en esas líneas funcionales. En la práctica, lo que antes se diluía entre costo de venta y gasto de administración ahora tiene que quedar explícito en las notas.
A esto se suman las MPMs, las medidas de desempeño definidas por la gerencia: esos indicadores que las empresas usan puertas adentro, como el clásico "EBITDA ajustado". La NIIF 18 los traslada del pie de página informal a los estados financieros. Habrá que revelarlos en una nota, conciliarlos con el subtotal NIIF más parecido y —dato no menor— quedarán sujetos a auditoría.
¿Qué implica todo esto para quienes preparamos la información? Que el desafío no es solo contable, es de procesos. Definir políticas claras para clasificar cada ingreso y gasto en su categoría, coordinar Contabilidad con Control de Gestión para validar las MPMs, y asegurar que el dato sea trazable desde el ERP hasta el estado financiero. Nada de eso se improvisa en diciembre de 2026.
La NIIF 18 no es una actualización cosmética. Es el cambio más relevante en la presentación del desempeño financiero en más de dos décadas, y su éxito dependerá menos de entender la norma que de haber preparado a tiempo los sistemas y controles que la sostienen.
¿En tu empresa ya evaluaron adoptarla de manera anticipada?
Patricia Labrín
Gerente de contabilidad Asesorías Baker.