Un estudio internacional ha demostrado que algunos pacientes con trasplante hepático pueden suspender por completo el tratamiento inmunosupresor bajo supervisión estrecha sin aumentar el riesgo de rechazo ni comprometer la supervivencia del injerto.
Los resultados, publicados en 'Clinical Gastroenterology & Hepatology', muestran además que esta estrategia se asocia a una reducción significativa de complicaciones metabólicas como la hipertensión arterial y la diabetes, lo que podría mejorar el pronóstico y la calidad de vida a largo plazo de pacientes cuidadosamente seleccionados.
El trabajo, que ha tenido un seguimiento superior a diez años, constituye el mayor estudio realizado hasta la fecha sobre pacientes con retirada completa de la inmunosupresión tras un trasplante hepático.
La investigación ha sido liderada por personal investigador del área de Enfermedades Hepáticas y Digestivas del CIBER (CIBEREHD) perteneciente al Hospital Universitario Reina Sofía de Córdoba y en la que ha participado otros grupos del CIBEREHD en el Hospital Universitari i Politècnic La Fe de Valencia, el Hospital Clínic de Barcelona y la Clínica Universidad de Navarra, en colaboración con 31 centros de trasplante de 14 países de Europa, América, Asia y África.
Según los expertos, cada año, el trasplante hepático salva la vida de miles de personas. Sin embargo, los pacientes trasplantados deben mantener de forma indefinida un tratamiento inmunosupresor para evitar el rechazo del órgano. Aunque estos fármacos son imprescindibles, su uso prolongado incrementa el riesgo de infecciones, deterioro de la función renal, hipertensión arterial, diabetes, enfermedad cardiovascular y determinados tipos de cáncer, complicaciones que representan la principal fuente de morbimortalidad a largo plazo.
A diferencia de otros órganos sólidos como el riñón, el pulmón o el corazón, el hígado posee unas características inmunológicas únicas que le confieren una mayor capacidad para desarrollar tolerancia inmunológica. Gracias a esta particularidad, diversos ensayos clínicos habían demostrado previamente que alrededor del 20 por ciento de los pacientes seleccionados pueden suspender la inmunosupresión sin desarrollar rechazo, un fenómeno conocido como tolerancia operacional. No obstante, hasta ahora apenas existían datos sobre la seguridad y las consecuencias de esta estrategia a largo plazo.
MÁS DE UNA DÉCADA DE SEGUIMIENTO
El estudio analizó la evolución de 287 pacientes -223 adultos y 64 niños- procedentes de 14 países, con un seguimiento superior a diez años. Casi un tercio de ellos disponían además de biopsias hepáticas realizadas antes de suspender el tratamiento inmunosupresor y años después, lo que permitió evaluar la evolución histológica del injerto.
Los resultados muestran que la retirada completa de la inmunosupresión continúa siendo una práctica excepcional en la asistencia clínica habitual -se lleva a cabo en menos del 1 por ciento de los pacientes trasplantados de hígado-, pero puede asociarse a importantes beneficios cuando se realiza en pacientes cuidadosamente seleccionados.
Entre los pacientes adultos, más de la mitad experimentó la desaparición de enfermedades metabólicas relacionadas con el tratamiento inmunosupresor. La prevalencia de hipertensión arterial se redujo prácticamente a la mitad y cerca del 60 por ciento de los pacientes con diabetes dejaron de presentar esta enfermedad tras suspender la medicación. También se observaron mejoras relevantes en las alteraciones del colesterol y los triglicéridos. Asimismo, ningún paciente experimentó disfunción del injerto hepático ni precisó un retrasplante por rechazo.
Las biopsias de seguimiento realizadas años después de retirar la inmunosupresión mostraron con frecuencia inflamación o fibrosis leves, pero estos hallazgos no tuvieron impacto sobre la función hepática ni sobre la supervivencia de los pacientes.
"El trabajo muestra que la retirada de la inmunosupresión es una estrategia segura en pacientes cuidadosamente seleccionados. La supervivencia global a los cinco años tras la retirada fue del 93 por ciento, sin que ningún paciente presentara pérdida del injerto por rechazo. Estos datos refuerzan la hipótesis de que reducir la exposición acumulada a los inmunosupresores puede disminuir de forma significativa las complicaciones crónicas asociadas al trasplante hepático", concluye Manuel L. Rodríguez, coordinador del estudio e investigador principal del CIBEREHD en el Hospital Universitario Reina Sofía de Córdoba.