MADRID 19 May. (EUROPA PRESS) -
El ministro de Estonia, Hanno Pevkur, ha confirmado este martes que un caza de la misión de vigilancia aérea del Báltico, que lidera la OTAN, ha derribado un dron posiblemente ucraniano cerca de Kablakula, en el sur del país.
"Es la primera vez que derribamos un dron nosotros mismos (...) Nuestro radar y los sistemas de la fuerza aérea detectaron una posible amenaza incluso antes de que llegara a Estonia", ha dicho en rueda de prensa, según el portal de noticias Delfi.
El dron ha sido derribado sobre el mediodía de este martes entre las localidades de Vortsjarv y Poltsamaa por aviones F-16 de la fuerza aérea rumana que participan en esta misión de la OTAN y que se encuentran desplegados en la base lituana de Siauliai, ha detallado el ministro de Defensa estonio.
"El dron se estrelló en una zona pantanosa y la búsqueda de los restos continúa", ha contado Pevkur, que ha aprovechado para negar que Estonia haya permitido a Ucrania el uso de su territorio para atacar Rusia, después de que Moscú haya denunciado este martes que Kiev habría persuadido a Letonia y al resto de países de la región para llevar a cabo este tipo de operaciones.
En esa línea se ha manifestado el ministro de Asuntos Exteriores, Margus Tsahkna, quien no solo ha señalado que "Estonia no ha permitido que su espacio aéreo se utilice para atacar a Rusia", sino que además ha responsabilizado de estos incidentes a "la injerencia rusa".
Por su parte, el general del Ejército Riivo Valge, ha señalado que la amenaza aérea en Letonia sigue siendo alta y no ha descartado que puedan darse incidentes similares a lo largo del día. "Es posible que la situación se repita", ha dicho.
Este martes Moscú ha denunciado que Estonia habría permitido a Ucrania utilizar su territorio para atacar, el mismo día en el que varios drones ucranianos han atacado el noroeste del país, obligando a cerrar temporalmente el aeropuerto de Pulkovo de San Petersburgo y el de Pskov, cerca de la frontera con el país báltico.
Asimismo, en las últimas semanas se han repetido incidentes similares en países del Báltico y Finlandia. En Letonia dos de ellos impactaron no muy lejos de la frontera, provocando una crisis de Gobierno que costó primero el puesto al ministro de Defensa y después la dimisión de la primera ministra, Evika Silina.