Sr. Director,
La propuesta sobre acortar las carreras de pregrado abre un debate necesario. Al observar que en la mayoría de los países de la OCDE los grados académicos se estructuran en ciclos de tres a cuatro años, resulta evidente que Chile revise la extensión de sus programas. Sin embargo, una modernización de esta envergadura no puede reducirse a un mero recorte de semestres motivado por la urgencia presupuestaria.
Si bien existe un componente económico ineludible, que afecta tanto el presupuesto de las familias como el gasto fiscal, la educación superior no puede ser analizada exclusivamente bajo la lógica del costo. El sistema universitario es, ante todo, el principal motor de movilidad social. Por ello, cualquier ajuste debe tener como norte la excelencia y no la reducción por el simple hecho de recortar tiempos.
Una reforma de este tipo debe realizarse caso a caso, resguardando con celo la calidad educativa, las prácticas profesionales y la especialización necesaria para el mundo laboral. Es cierto que existe espacio para corregir redundancias curriculares que hoy fatigan al sistema, pero debemos ser cautos: optimizar el tiempo formativo no debe significar sacrificar los elementos esenciales que garantizan una formación integral y de alto estándar.
No solo es un tema financiero, sino académico. Debemos avanzar hacia un modelo más eficiente, pero sin olvidar que la formación de capital humano avanzado es una inversión social estratégica, cuyo valor trasciende con creces cualquier cálculo de ahorro inmediato.
Francisco Gallegos,
Vicedecano de Educación de la Universidad Autónoma