(www.presidencia.cl)
Estimados Compatriotas, muy buenas noches.
En esta, mi primera cadena nacional como Presidente de la República, les voy a hablar del Chile que queremos construir; de lo que hemos avanzado en este primer mes y del proyecto que enviaremos en los próximos días al Congreso, para que juntos logremos que nuestro país vuelva a crecer, a crear empleo y a recuperar la esperanza.
Tenemos un solo objetivo: que Chile sea un país donde el trabajo honesto alcance para vivir bien. Un país seguro, donde una familia pueda tener su casa, sus hijos puedan estudiar tranquilos y los adultos mayores puedan descansar con dignidad.
Una nación donde quien quiera emprender no encuentre obstáculos sino oportunidades y donde el Estado cumpla sus funciones con eficiencia y no derroche ni mal use los recursos públicos que los ciudadanos le confían.
En simple, queremos más empleo, más progreso económico y social, y más seguridad para que los chilenos puedan recuperar la esperanza.
Al asumir el gobierno, nos comprometimos a trabajar por los chilenos y por aquellas emergencias que no podían esperar.
Una emergencia de seguridad que amenaza la libertad cotidiana de las familias. Una emergencia económica que frena el empleo y el progreso de todos.
Una emergencia social, en temas como educación, salud y vivienda, pero también, prioritaria para la reconstrucción material de las viviendas de miles de familias que perdieron sus hogares en los incendios de Ñuble, Biobío y Valparaíso.
¿Cuáles son los principales logros de este mes?
Primero fue la frontera. Nos entregaron un país con más de 300 mil extranjeros en situación irregular, algunos vinculados a redes de crimen organizado que introdujeron en Chile niveles de violencia que los chilenos no habíamos conocido.
Uno de los primeros decretos que firmamos fue la implementación del Plan Escudo Fronterizo, para comenzar a cerrar nuestras fronteras, mediante la instalación de zanjas, muros, tecnología de vigilancia y un despliegue conjunto del Ejército, Carabineros y la PDI en la macrozona norte.
Los resultados son concretos: en el primer mes de gobierno se registran significativamente menos ingresos irregulares que en los últimos cinco años; un mayor número de salidas voluntarias; y un mayor número de extranjeros expulsados del territorio nacional.
Y mañana, a primera hora, despegará el primero de muchos vuelos y buses que irán sacando, de manera continua, a todos aquellos inmigrantes irregulares que no deben continuar en nuestro país.
También hemos actuado con firmeza en materia de seguridad pública. Hemos realizado operativos, que han permitido la detención de cientos de prófugos de la justicia. Hemos dado el respaldo político, jurídico y financiero claro a Carabineros y a la Policía, para que puedan desarrollar su labor de manera adecuada. Hemos transparentado las cifras de homicidios y estamos llevando a cabo un plan concreto de mayor dotación, mayor inteligencia y mayor compromiso a la hora de enfrentar la grave crisis de seguridad que vivimos.
En materia de salud, desde hoy, se encuentra activa la alerta sanitaria oncológica para enfrentar con urgencia el retraso en la atención de pacientes enfermos de cáncer, una realidad que hoy afecta a cientos de personas en listas de espera.
En materia de probidad, hemos puesto en marcha la auditoría total del Estado que prometimos en campaña y hemos activado la red de auditores de gobierno para que cumplan con su rol fundamental de fiscalizar y le aseguren a los chilenos el correcto uso de los recursos públicos.
Asimismo, estamos frenando el crecimiento del gasto fiscal y comenzamos un ajuste en los presupuestos ministeriales para ordenar las finanzas públicas, una tarea urgente y necesaria.
Y hay un dato más del primer mes que quiero compartir con ustedes, porque es fundamental para el futuro económico y social de nuestro país.
En las primeras cuatro semanas de nuestro gobierno, ingresaron al sistema de evaluación ambiental 32 proyectos de inversión por un total de casi 20 mil millones de dólares. Es el récord histórico para el inicio de cualquier gobierno. Chile llevaba años dando señales de incerteza a los inversionistas que hacían muy difícil prever el destino de las iniciativas de inversión.
En un mes hemos comenzado a mostrar que las cosas están cambiando y que todos los proyectos que, respetando las reglas, permitan generar más empleo y progreso económico para Chile, son y serán bienvenidos.
Este es el gobierno de emergencia que prometimos. No era retórica. Son hechos concretos, que van a cambiarle la vida a millones de chilenos.
Pero hay una tarea más grande que no puede esperar: Chile tiene que volver a crecer con fuerza y generar empleos. Y para entender por qué es tan urgente, hay que mirar con honestidad la pesada carga económica que nos han entregado.
Los datos son duros. En los últimos doce años, Chile creció en promedio apenas un dos por ciento anual. Al ritmo que crecimos entre 1994 y 2014, el valor de nuestro producto se multiplicaba por ocho. Al limitado ritmo de la última década, apenas se está doblando el valor de nuestra economía.
Al mismo tiempo, la deuda pública creció sin control durante casi veinte años, pasando de 7.600 millones de dólares en 2006 a más de 155 mil millones de dólares hoy. Solo en intereses, pagamos un 5% de nuestro presupuesto nacional.
En 16 de los últimos 18 años Chile tuvo déficit estructural. El gobierno anterior incumplió su propia regla fiscal tres años seguidos. Solo en 2025 el déficit estructural llegó al 3,6% del PIB, el más alto desde que existe esa regla en períodos sin crisis, más del triple de la meta que habían prometido.
El Consejo Fiscal Autónomo advirtió que este año podría ser el cuarto incumplimiento consecutivo y ha dado cuenta, de manera seria y fundamentada, el deplorable estado de nuestras cuentas fiscales.
¿Por qué dejamos de crecer?
Porque las malas decisiones tienen consecuencia. Mientras desde el año 2000 la OCDE fue bajando sus impuestos corporativos desde el 31% al 22%, Chile los subió del 15% al 27% en ese mismo período.
Los plazos para aprobar un estudio de impacto ambiental aumentaron un 90% en una década, pasando de 560 días a más de mil cien días.
Ese es el Estado que recibimos: gastando más de lo que ingresa y con una deuda que creció sin interrupción por casi veinte años.
No lo decimos para echarle la culpa a nadie.
Lo decimos para que los chilenos entiendan por qué nuestro gobierno tiene que actuar con urgencia y no puede darse el lujo de malas reformas que sigan asumiendo compromisos que luego no se van a cumplir.
Hace doce años, un gobierno anunció una reforma tributaria que prometía recaudar 8.200 millones de dólares adicionales al año.
El discurso era impecable. Los resultados, no. La recaudación prometida nunca llegó. El crecimiento cayó del 5% por ciento al 2%. La inversión se contrajo.
Y la deuda pública se triplicó. Ese no fue un accidente: fue la consecuencia predecible de creer que subir impuestos genera riqueza.
No la genera. La desplaza o la expulsa del país. El gobierno anterior repitió la misma lógica con otro nombre y dejó el déficit estructural más alto de la historia reciente.
Chile necesita exactamente lo contrario.
No llegamos aquí para repetir el ciclo anterior, llegamos para romperlo. Vamos a romper con el estancamiento. Vamos a romper con la cesantía estructural.
Vamos a romper con el Estado que gasta más de lo que tiene. Vamos a romper la burocracia que paraliza y ahoga la inversión. Vamos a romper todo lo malo, para reconstruir todo lo bueno.
Estimados Compatriotas.
En los próximos días, ingresaremos al Congreso el Proyecto de Ley de Reconstrucción y Desarrollo Económico y Social.
Contiene más de cuarenta medidas organizadas en torno a cinco ejes que son, al mismo tiempo, los cinco principios que hicieron crecer a Chile cuando crecía de verdad.
El primero es la competitividad tributaria.
Chile tiene hoy el impuesto de primera categoría más alto de su historia y esa brecha le cuesta al país inversión, empleo y futuro.
Nuestro proyecto lo baja gradualmente al veintitrés por ciento, el nivel más competitivo de las últimas dos décadas. Al mismo tiempo, reintegraremos gradualmente el sistema tributario: el impuesto que paga la empresa vuelve a ser íntegramente descontable del impuesto de sus dueños, eliminando la doble tributación, lo que fomenta la reinversión de utilidades y la creación de empleos.
Vamos a reinstaurar el estatuto de invariabilidad tributaria para inversiones de largo plazo, para que los que quieran invertir en Chile sepan cuánto pagarán de impuestos en 25 años más.
Esta reforma va a beneficiar a ciento cincuenta mil empresas que le dan trabajo a más del cincuenta por ciento del mercado laboral formal y concentran el 90% de la inversión en Chile.
El segundo eje es el fortalecimiento del empleo formal.
Proponemos la creación de un crédito tributario por pago de remuneraciones: las empresas que paguen sueldos a los trabajadores más vulnerables, recibirán un crédito de esas remuneraciones contra sus impuestos.
Esto inyecta liquidez por 1.400 millones de dólares al año al sector productivo, beneficia a 235 mil pymes que representan el 86% de los beneficiarios de este crédito, y protege a más de 4 millones de trabajadores.
Contratar formalmente dejará de ser un castigo y se convertirá en una ventaja.
Este proyecto es para todos los empleadores: desde el almacén de barrio con un trabajador hasta la empresa con miles de colaboradores.
Todos necesitan lo mismo: un Estado que no los trabe, una carga tributaria que no los asfixie y un marco legal que les dé certeza para crecer y dar más empleo.
El tercer eje es la facilitación regulatoria, para que en Chile se vuelva a invertir con fuerza. Los plazos para aprobar un estudio de impacto ambiental aumentaron noventa por ciento en una década. Eso no es protección ambiental: es burocracia que mata el empleo antes de que nazca.
Este proyecto le da al Servicio de Evaluación Ambiental autoridad real para filtrar observaciones de organismos sectoriales. Reduce el plazo de invalidación de permisos ya otorgados de dos años a seis meses. Limita a seis meses las medidas precautorias que puedan paralizar proyectos ya aprobados.
Y establece que si el Estado revoca una resolución ambiental favorable, tendrá que reembolsar los gastos ya invertidos.
Junto con lo anterior, la exención transitoria de IVA a la venta de viviendas nuevas ayuda, junto a otras medidas en vivienda, a recuperar 180 mil empleos en el sector de la construcción, el sector más intensivo en mano de obra que tiene el país.
El cuarto eje es la certeza jurídica y regulatoria.
Ningún país atrae inversión sin reglas que se mantengan en el tiempo. Por eso este proyecto reinstala la invariabilidad tributaria y abre una ventana de doce meses para repatriar capitales desde el extranjero con el pago de un impuesto único del siete por ciento, en el caso de que se mantengan invirtiendo en el país.
El quinto eje es la contención del gasto público
El Estado que gasta mal no puede pedir más a los ciudadanos. Este proyecto triplica los cupos de incentivo al retiro voluntario del sector público, para generar mayor movilidad. Establece medidas concretas para enfrentar los abusos en licencias médicas y entrega mayores facultades al Servicio de Impuestos Internos para hacer cumplir la ley.
Gracias a estas medidas, entre otras, tendremos la capacidad necesaria para cumplir con el compromiso de campaña de eximir del pago de contribuciones a la primera vivienda para los mayores de 65 años. Y lo haremos, entregando los aportes necesarios para compensar el impacto en el Fondo Común Municipal.
Finalmente, un compromiso central tiene que ver con la reconstrucción material: los incendios de Valparaíso en el año 2024 y los de Ñuble y Biobío en enero de este año destruyeron miles de hogares. Este proyecto amplía el Fondo de Emergencia por Incendios en 400 mil millones de pesos, incorpora a las nuevas regiones afectadas, facilita las donaciones con rebaja tributaria, elimina trabas judiciales, y otorga a la Tesorería la facultad de ofrecer convenios de pago con condonación a quienes quedaron sin nada. Las familias que perdieron sus hogares no pueden ni van a seguir esperando.
A quienes pregunten a dónde queremos llegar, la respuesta es concreta.
Al año 2030, tenemos la ambición de disminuir la tasa de desempleo a 6,5%, que la economía crezca alrededor del 4% anual, y que las cuentas fiscales estén en equilibrio estructural.
Este proyecto no es una agenda ideológica. Es una respuesta concreta a tres urgencias reales.
El crecimiento no es un fin en sí mismo: es el medio para que las personas vivan mejor, para que haya más empleo, más seguridad y más esperanza.
Sin crecimiento no hay recursos para la salud ni para la educación. Sin crecimiento nuestros nietos se quedan sin recursos. Y sin reconstrucción hay miles de familias chilenas que no pueden mirar hacia adelante.
Sé que habrá voces que digan que este proyecto favorece a los que más tienen.
Esa objeción no resiste los datos. El empleo lo puede crear cualquier empresa que tenga condiciones para crecer: el almacén de barrio, la empresa familiar, la compañía mediana, la gran industria.
El crecimiento económico no es un beneficio para unos pocos. Es la base material del bienestar de todos. Y quienes hoy dicen que primero hay que recaudar y después crecer llevan doce años demostrando que esa secuencia no funciona.
Este proyecto no pide que todos piensen igual. Pide que los chilenos reconozcan que hay cosas que el país necesita urgentemente y que ningún sector puede darse el lujo de bloquear.
En esto no compiten la derecha y el centro, no compite el gobierno y la oposición. Compite Chile contra el estancamiento.
Este proyecto es una oportunidad para que los chilenos, en unidad, cambiemos el rumbo pensando en las futuras generaciones.
Le pido al Congreso que tramite este proyecto con urgencia y con altura de miras.
Para las familias de Ñuble y Biobío que esperan su casa. Para los jóvenes y las mujeres que llevan meses buscando empleo. Para el emprendedor que quiere contratar y no puede. Para todos los chilenos que merecen un país que crece.
Un mes de gobierno no alcanza para resolverlo todo, pero nos estamos haciendo cargo. Queremos demostrar que es posible gobernar distinto y que, si bien algunas decisiones son difíciles, el futuro del país agradecerá el coraje y las responsabilidad que asumimos con seriedad, convicción y la voluntad de rendir cuentas por los resultados.
Más empleo, más progreso, más esperanza. Eso es lo que Chile necesita. Eso es lo que este proyecto entrega. Muy buenas noches y que Dios bendiga a Chile.