MADRID, 10 (EUROPA PRESS)
Un nuevo estudio estima que el coste anual asociado al herpes zóster en España superaría los 121 millones de euros en poblaciones de alto riesgo y cada episodio podría suponer alrededor de 1.100 euros en costes sanitarios y sociales en pacientes con comorbilidades y cerca de 1.208 euros en pacientes con condiciones de inmunocompromiso.
Además, respecto del coste total, los costes indirectos -asociados a bajas laborales- representaron el 4,7 por ciento en pacientes con comorbilidades y el 22,9 por ciento en pacientes con condiciones de inmunocompromiso.
El trabajo, publicado en 'Human Vaccines and Immunotherapeutics', se trata de una investigación retrospectiva de carácter observacional, basada en bases de datos de historia clínica electrónica de siete comunidades autónomas en un periodo de 7 años (2014-2021), donde se ha comparado pacientes con infección por herpes zóster frente a cohortes control sin la enfermedad, pero con la misma condición de base (inmunocompromiso o comorbilidad), emparejadas por variables demográficas y clínicas.
"La cuantificación del coste económico real del herpes zóster es importante porque permite conocer con precisión el impacto clínico, sanitario y social de la enfermedad, especialmente en poblaciones con comorbilidades o inmunodepresión; una información fundamental para orientar políticas de salud pública y optimizar recursos asistenciales", ha destacado la coautora de este estudio y especialista en Medicina Preventiva y responsable de la Unidad de Inmunización del Hospital Universitario Fundación Jiménez Díaz, Helena Moza.
Desde la perspectiva asistencial, el herpes zóster supone un aumento del uso de recursos sanitarios, especialmente en poblaciones vulnerables debido a que los pacientes con patologías de base requieren más consultas de Atención Primaria, visitas a especialistas, pruebas diagnósticas, prescripción farmacológica, atenciones en urgencias, así como hospitalizaciones y estancias prolongadas.
El virus varicela-zóster, el mismo que provoca la varicela, queda latente en el organismo pudiendo reactivarse años más tarde en forma de herpes zóster.
Cuando se reactiva, puede llegar a desencadenar un dolor intenso, incapacitante e incluso prolongado en algunas personas, especialmente a partir de los 50 años y aquellas que tienen el sistema inmunitario comprometido o con comorbilidades como diabetes, enfermedad pulmonar obstructiva crónica (EPOC), asma o patologías cardiovasculares. De hecho, la incidencia del herpes zóster alcanza hasta 659 casos por 100.000 personas en pacientes inmunocomprometidos y 614 casos por cada 100.000 personas en pacientes con comorbilidades.
En España, los datos del sistema nacional de vigilancia mostraron un aumento del 41 por ciento en la incidencia de herpes zóster (HZ) en personas de 50 a 54 años (333,5 casos/100.000 habitantes) en comparación con las personas de 45 a 49 años (235,7 casos/100.000 habitantes).
La incidencia de HZ continuó aumentando con la edad, alcanzando los 877,1 casos/100.000 habitantes en personas de 80 a 84 años. Todas las personas que han pasado la varicela -hasta el 90 por ciento de la población adulta en España- están en riesgo de sufrir un herpes zóster.
De hecho, se estima que una de cada tres personas de entre 50 y 90 años desarrollará esta enfermedad a lo largo de su vida. A los 85 años, esta probabilidad aumenta a una de cada dos personas. Esto se debe a que el virus puede permanecer latente durante años o décadas en el organismo y activarse en cualquier momento de la vida, especialmente cuando el sistema inmunitario se debilita por el propio envejecimiento, porque se esté recibiendo un tratamiento inmunosupresor o se padezca una enfermedad crónica
Con estos datos, los investigadores piden mejorar las tasas de vacunación contra el herpes Zóster en las personas actualmente cubiertas por las recomendaciones y la financiación de la vacunación, así como ampliar potencialmente estas recomendaciones en el futuro a otros grupos no cubiertos.
"Tanto los datos del estudio como las conclusiones derivadas pueden contribuir de manera muy relevante a la toma de decisiones sobre políticas de salud pública que ayuden a reducir la presión asistencial tanto en atención primaria como hospitalaria, los costes sanitarios y las pérdidas de productividad, contribuyendo a una planificación más eficiente y sostenible del sistema", ha apuntado Moza.
INCREMENTO DE RIESGO EN PACIENTES CRÓNICOS
Por su parte, el estudio 'Prevención del herpes zóster en el paciente con enfermedades crónicas: una necesidad por su impacto socio-sanitario' confirma que las personas con enfermedades crónicas no solo presentan mayor riesgo de desarrollar herpes zóster, sino también una evolución más compleja.
La alteración de la respuesta inmunitaria -derivada tanto de la propia enfermedad de base como de sus tratamientos- puede favorecer la reactivación viral y aumentar la probabilidad de complicaciones. Entre ellas destaca la neuralgia post-herpética, un dolor neuropático persistente que puede prolongarse durante meses o incluso años, que afecta hasta a un 30 por ciento de los pacientes con herpes zóster y tiene un fuerte impacto funcional y emocional.
"Los pacientes crónicos son más susceptibles a desarrollar herpes zóster y a experimentar una evolución más desfavorable de la enfermedad. El dolor asociado puede cronificarse, llegando a ser limitante en la vida diaria y afectando de manera significativa al bienestar del paciente", ha incidido Raquel Alfaro, especialista en Medicina Familiar y Comunitaria en el Centro de Salud La Milagrosa (Cádiz), miembro del Grupo de Trabajo de Infecciosas, Migrante, Vacunas y Actividades Preventivas (IMVAP) de SEMERGEN y coautora de la publicación
"Además, la aparición de complicaciones -como las alteraciones neurológicas y oftálmicas- contribuye a agravar el impacto clínico, favoreciendo la pérdida de autonomía y deteriorando la calidad de vida en sus dimensiones física, psicológica y social. Todo ello conlleva, a su vez, una mayor demanda de atención y recursos sanitarios", ha añadido Alfaro.
Así, en estos pacientes crónicos también es frecuente una mayor intensidad y duración del dolor, más riesgo de recurrencias, deterioro de la enfermedad de base tras el episodio y un incremento de la polimedicación y de las interacciones farmacológicas. Además, el impacto en su calidad de vida es notable, debido a algunos de los síntomas derivados de la infección, como las alteraciones del sueño, ansiedad, depresión, pérdida de autonomía y limitación de actividades cotidianas.