Un estudio danés ha concluido que la crioablación, en comparación con otros tratamientos habituales en el abordaje del cáncer de riñón como la resección quirúrgica o la nefrectomía, no solo presenta resultados de eficacia similares, sino que, además, favorece estancias hospitalarias más cortas y un menor número de contactos hospitalarios durante los treinta días posteriores tratamiento, lo que es un indicador de un menor número de complicaciones.
La crioablación es una técnica mínimamente invasiva utilizada por los radiólogos vasculares e intervencionistas (RVI) como tratamiento para algunos tumores del riñón, especialmente los localizados y con pequeño tamaño, consiste en destruir el tejido tumoral mediante la aplicación de frío extremo.
Guiados por imagen (tomografía computada o, en ocasiones, ecografía) los RVI introducen una o varias criosondas (agujas) directamente en el tumor renal y, a continuación, aplican un protocolo que suele ser de tres ciclos de diez minutos de congelación rápida (mediante el uso de argón) y descongelación para, finalmente, aplicar un último ciclo de congelación rápida que provoca el estallido de las células cancerosas, conservando al máximo posible el tejido renal sano circundante.
"Esperamos que el estudio pueda brindar a pacientes y médicos mayor confianza a la hora de elegir un tratamiento menos invasivo cuando sea apropiado. El objetivo no es reemplazar la cirugía, sino garantizar que los pacientes indicados reciban el tratamiento más adecuado para su enfermedad y su salud en general", afirmaba Iben Lyskjær, profesora del Departamento de Medicina Clínica de la Universidad de Aarhus y autora principal del estudio, realizado en más de 2.000 pacientes y publicado en 'Radiology'.
Entre esos pacientes -siempre con tumores renales pequeños (menos de 4 cm.) localizados y sin extensión a ganglios linfáticos ni metástasis a distancia- se encontrarían aquellos que presentan comorbilidades importantes o edad avanzada y mayor riesgo para cirugía mayor, aquellos con tumores en localizaciones complejas donde la cirugía es técnicamente difícil o presenta un riesgo alto y, en algunos casos también, pacientes más jóvenes o de menor riesgo que pretenden evitar los riesgos quirúrgicos.
"Este estudio aporta evidencia de la efectividad y seguridad de la crioablación en tumores renales pequeños, apoyando su uso en la práctica clínica para ciertos grupos que cumplan las indicaciones. Con hasta diez años de diagnóstico y un seguimiento a largo plazo, ofrece una perspectiva sólida y realista del desempeño del tratamiento", sostiene el doctor David Jiménez Restrepo, radiólogo intervencionista del Hospital General Universitario de Valencia.
Para el miembro de la Sociedad Española de Radiología Vascular e Intervencionista (SERVEI), los resultados del estudio son "representativos y comparables" a los que se observan en la práctica clínica y realzan los beneficios que los expertos llevan años observando, entre ellos menos complicaciones y estancias hospitalarias muy cortas (muchas veces, incluso, ambulatorias) y una mejor tolerabilidad por parte de pacientes mayores o con enfermedades concomitantes; pero también una mejor conservación de la función renal y la posibilidad de repetir el procedimiento.
Pese a estos buenos resultados mostrados por los estudios, y a que la crioablación es un tratamiento que ya lleva alrededor de dos décadas realizándose, David Jiménez lamenta el desconocimiento que sigue existiendo alrededor del mismo, incluso entre la población médica. "Por suerte, cada vez más nuestros resultados en la práctica clínica convencen a los urólogos y oncólogos de que es una excelente alternativa, equiparable en resultados a la cirugía si se cumplen las indicaciones", concluye.