Aunque a simple vista parece una corrección menor, expertos advierten que el recorte del 3% en salud podría profundizar la crisis del sistema, aumentar las listas de espera y afectar directamente a los pacientes más graves si no se aplica con criterio clínico.
Un ajuste del 3% en el presupuesto de salud podría parecer, en términos macroeconómicos, una decisión técnica y acotada. Sin embargo, en un sistema que ya enfrenta una presión crítica - con más de 3 millones de personas en listas de espera y cientos de miles aguardando una cirugía -, ese porcentaje adquiere una dimensión profundamente humana.
“En salud, un ajuste presupuestario nunca es solo un ajuste. Son decisiones clínicas priorizadas”, advierte la ex Ministra de Salud, Dra. Karla Rubilar, quien enfatiza que este tipo de medidas no son neutras, sino que impactan directamente en la oportunidad y calidad de atención de los pacientes.
El debate, coinciden expertos, no debería centrarse únicamente en la magnitud del recorte, sino en cómo se diseña. Un ajuste mal estructurado puede terminar afectando precisamente a quienes más necesitan atención.
En esa línea, el ex Subsecretario de Redes Asistenciales, Dr. Luis Castillo F., es categórico: “Reducir gasto de manera lineal en un sistema tensionado no solo es ineficiente, es clínicamente riesgoso. Se termina despriorizando a los pacientes más graves”.
Chile enfrenta actualmente una combinación compleja de factores: envejecimiento acelerado de la población, aumento sostenido de enfermedades crónicas y brechas territoriales persistentes en el acceso a la salud. En este contexto, los recortes homogéneos pueden profundizar las inequidades existentes y deteriorar aún más la capacidad de respuesta del sistema.
La evidencia internacional apunta en otra dirección. Antes de afectar la atención directa, existen espacios relevantes para mejorar la eficiencia: estandarizar compras públicas, reducir la variabilidad de costos entre hospitales, optimizar la gestión de inventarios y eliminar duplicidades administrativas.
“El problema no es gastar menos, es gastar mejor”, subraya la Dra. Rubilar, quien insiste en que el foco debe estar en la gestión inteligente de los recursos.
Pero más allá de la eficiencia, la clave está en la priorización clínica. No todos los pacientes enfrentan el mismo nivel de riesgo ni todas las intervenciones tienen el mismo impacto sanitario. Ordenar el sistema en función de gravedad, oportunidad y beneficio esperado no implica racionar, sino introducir inteligencia en la toma de decisiones.
En este escenario, hay áreas que los expertos consideran intocables: la atención primaria resolutiva, el diagnóstico oportuno del cáncer y las estrategias activas para reducir las listas de espera.
“Debilitar estos pilares no sólo posterga soluciones, sino que encarece el problema”, advierte el Dr. Castillo, apuntando a que cada cirugía postergada o diagnóstico tardío termina generando mayores costos y complejidades en el futuro.
Dr. Luis Castillo
Dra. Karla Rubilar