La contaminación del aire agrava las desigualdades sociales en las ciudades, ya que las personas con menos recursos están más expuestas a los contaminantes, son más vulnerables a sus efectos y sufren peores consecuencias para su salud, según el informe 'Ciudades frente al cambio climático. Reducir emisiones para ganar salud', publicado este miércoles por Salud por Derecho.
El documento analiza cómo esta desigualdad ambiental se traduce en lo que denomina una "triple vulnerabilidad". En muchas ciudades, los barrios con menor renta suelen situarse cerca de grandes vías de tráfico o zonas con mayor carga contaminante. En estos entornos, las concentraciones de contaminantes pueden llegar a ser hasta un tercio más altas. A esta mayor exposición se suman otros factores sociales que amplifican los riesgos para la salud.
"La contaminación no es solo un problema ambiental, es una cuestión de salud pública y de justicia social. Las ciudades pueden reducir emisiones y mejorar el bienestar de la población si las políticas se diseñan teniendo en cuenta a las personas que están más expuestas", explica Adrián Alonso, autor del informe y responsable de Incidencia Política de Salud por Derecho.
Desde la organización recuerdan que la mala calidad del aire es uno de los principales riesgos ambientales para la salud en Europa. Cada año provoca más de 253.000 muertes prematuras en la Unión Europea y reduce la esperanza de vida hasta en dos años. Además, el 97 por ciento de la población urbana respira aire con niveles de partículas finas superiores a los recomendados para proteger la salud.
Por otro lado, advierten de que la contaminación del aire supone un coste medio de más de 1.200 euros al año por habitante en las ciudades europeas, debido a gastos sanitarios, pérdida de productividad y otros efectos asociados. La exposición prolongada a contaminantes como las partículas finas o el dióxido de nitrógeno se relaciona con enfermedades respiratorias, cardiovasculares y metabólicas, así como con problemas en el desarrollo infantil, mayor riesgo de prematuridad y efectos sobre la salud mental.
REDUCIR LA CONTAMINACIÓN SIN AMPLIAR LA DESIGUALDAD
El informe también advierte de que las políticas climáticas y urbanas pueden generar efectos no deseados si no se diseñan teniendo en cuenta la equidad social. Algunas intervenciones destinadas a mejorar el entorno urbano pueden provocar procesos de encarecimiento de la vivienda y desplazamiento de residentes vulnerables.
Para evitarlo, Salud por Derecho defiende que "las políticas de movilidad y urbanismo deben incorporar alternativas de transporte asequibles y accesibles para toda la población y garantizar que los beneficios de las mejoras ambientales se distribuyan de forma equitativa".
"Diseñar las ciudades con criterios de salud y equidad permite que las políticas de reducción de emisiones mejoren también la calidad de vida y contribuyan a reducir las brechas sociales. En este contexto, la nueva Directiva europea de calidad del aire, que fija objetivos más estrictos para reducir la contaminación en los próximos años, abre una oportunidad para impulsar políticas urbanas que mejoren la salud de la población y reduzcan desigualdades", explican.
REDUCIR LA DEPENDENCIA DEL COCHE PRIVADO Y RECUPERAR ESPACIO URBANO
Para la organización la prioridad debe ser reducir la dependencia del coche privado y recuperar espacio urbano para las personas. Para lograrlo, plantea reforzar el transporte público, facilitar desplazamientos a pie o en bicicleta y renaturalizar el espacio público. Estas alternativas, además de reducir emisiones, "tienen beneficios directos para la salud, ya que fomentan la actividad física y ayudan a prevenir enfermedades cardiovasculares y otras patologías crónicas".
Entre los datos que sostienen esta idea, y que destaca en el informe, se encuentra que en las ciudades, el tráfico motorizado es la principal fuente de emisiones contaminantes. Aunque los vehículos de mercancías y transporte de personas representan solo alrededor del 13% de la flota, son responsables del 51% de las emisiones de óxidos de nitrógeno en la Unión Europea.
Las calles escolares (sin tráfico) han logrado reducciones de entre el 23% y el 33% en los niveles de dióxido de nitrógeno en entornos cercanos a centros educativos. Además, el Instituto de Salud Global de Barcelona estima que la implantación completa del modelo de supermanzanas en Barcelona podría evitar hasta 667 muertes prematuras al año gracias a la reducción de contaminación, ruido y calor urbano.
El documento advierte de que centrar la solución únicamente en sustituir coches de combustión por eléctricos es insuficiente. Aunque eliminan las emisiones del tubo de escape, no resuelven otros problemas asociados al modelo actual de movilidad urbana. "Un atasco de coches eléctricos sigue siendo un atasco, ocupa espacio, genera partículas por el desgaste de frenos y neumáticos y mantiene la congestión en las ciudades", recuerdan.