MADRID, 3 (EUROPA PRESS)
La Sociedad Española de Medicina Interna (SEMI) ha insistido en que la obesidad es una enfermedad crónica compleja causada por el exceso de grasa corporal, que provoca alteraciones metabólicas y una inflamación crónica de bajo grado con efectos perjudiciales para el organismo.
"En primer lugar, queremos reafirmar una idea que no admite matices: la obesidad es una enfermedad. Tiene sus bases biológicas, sus mecanismos fisiopatológicos propios, sus manifestaciones clínicas y una evolución sostenida en el tiempo. No es una cuestión estética ni un problema de voluntad. Es una alteración compleja del equilibrio energético y del sistema inmunometabólico que exige un diagnóstico, un tratamiento estructurado y un seguimiento continuado", ha señalado el coordinador del Grupo de Trabajo de Diabetes, Obesidad y Nutrición (DON) de SEMI, Alfredo Michán.
En el marco del Día Mundial de la Obesidad, que se celebra el 4 de marzo, los médicos internistas anuncian un cambio de paradigma, tanto en la investigación como en el tratamiento de la obesidad. Así, se está estudiando el efecto antiinflamatorio de los medicamentos ya disponibles para el manejo de la obesidad y simultáneamente se está abriendo una nueva diana terapéutica que permitirá avanzar en la búsqueda y el desarrollo de nuevos fármacos dirigidos específicamente a combatir la inflamación crónica de bajo grado asociada a esta enfermedad.
La inflamación de bajo grado es un mecanismo clave asociado a la obesidad, que condiciona una disminución de la esperanza y de la calidad de vida de las personas que la padecen, según informa el Grupo de Trabajo de Diabetes, Obesidad y Nutrición (DON) de SEMI.
Actualmente, el GT DON está concluyendo dos estudios. El primero, 'ROBEMIN, analiza en pacientes ingresados en medicina interna con obesidad su perfil sociodemográfico, la agrupación de comorbilidades y su impacto en el riesgo de reingreso y mortalidad en ingresos posteriores.
El segundo, realizado junto a la Fundación IMAS, estudia retrospectivamente las altas hospitalarias (2016-2023) con diagnóstico secundario de obesidad y su influencia en la mortalidad hospitalaria en procesos como insuficiencia cardiaca, EPOC, neumonía e ictus. Los resultados muestran que la presencia de tres o cuatro comorbilidades puede duplicar el riesgo de muerte durante el ingreso. Ambos estudios se presentarán en la XX Reunión del grupo en Jerez de la Frontera.
INTERVENCIÓN FARMACOLÓGICA
La intervención sobre el estilo de vida sigue siendo el primer pilar terapéutico. Alimentación estructurada, actividad física adaptada y apoyo conductual son imprescindibles, según destacan los especialistas. "Sin embargo, sabemos que el organismo pone en marcha mecanismos compensatorios que dificultan mantener la pérdida ponderal como son el incremento del apetito, la reducción del gasto energético y adaptaciones hormonales que favorecen la recuperación del peso perdido. Esta realidad fisiológica explica por qué la obesidad requiere, en muchos casos, apoyo farmacológico", explica Michán.
En los últimos años, el tratamiento farmacológico ha experimentado un avance significativo porque, por primera vez, se actúa de forma directa sobre las dianas hormonales que participan en la regulación del apetito, la saciedad, la secreción insulínica y el gasto energético. En el núcleo de esta enfermedad se encuentra la disfunción del tejido adiposo.
Cuando pierde su capacidad de adaptación saludable, deja de ser un mero almacén energético y se convierte en un órgano endocrino alterado que mantiene una inflamación crónica de bajo grado, que favorece la resistencia a la insulina, el daño vascular, la progresión aterosclerótica y la afectación hepática metabólica. "No hablamos de un exceso de peso aislado, sino de una alteración sistémica con impacto clínico real", enfatiza Michán.
"Es necesario comprender que la obesidad no solo comporta una alteración mecánica, sino también un proceso inflamatorio de bajo grado, dañino a largo plazo. Cuando la grasa se deposita fuera de los adipocitos, el organismo la identifica como una agresión, activando una respuesta inflamatoria sostenida que puede contribuir a la formación de trombos e incrementar el riesgo de infartos o ictus, principal causa de morbimortalidad en nuestro país", ha explicado Michán.
Por este motivo, el experto resalta que si se consigue controlar la inflamación, podrían disminuir estos eventos. "Esta es una nueva línea de abordaje, en la que se investiga el potencial antiinflamatorio de los medicamentos en uso y de nuevos fármacos", anuncia Michán.
Desde la SEMI subrayan que conviene situar los fármacos en su contexto clínico, no son soluciones aisladas ni universales, sino herramientas terapéuticas que deben indicarse con criterios médicos claros y dentro de un plan integral. "Bien utilizados, con seguimiento y evaluación continuada, permiten intervenir sobre mecanismos biológicos concretos y mejorar no solo el peso corporal, sino también disminuir el riesgo vasculometabólico global", finaliza la Sociedad.