Tras el encuentro de líderes mundiales en Davos la última semana, se ha vuelto a extender el uso del slogan “Sell America” o “vender Estados Unidos”, como respuesta de los mercados financieros ante las tensiones entre Estados Unidos y Europa por Groenlandia. Esto implica una reducción a la exposición a activos norteamericanos como acciones, bonos y dólares, lo que ha introducido volatilidad y movimientos a la baja en una serie de activos globalmente.
Si bien esto puede sonar coyuntural, más bien responde a razones económicas estructurales asociadas al creciente aumento de deuda pública en Estados Unidos desde 2008 a la fecha, la creciente debilidad del dólar multilateralmente y una economía norteamericana que muestra señales de debilidad en varios sectores.
Las cifras son muy ilustrativas: la deuda pública sobre PIB ha transitado de niveles bajo 60% entre 1960 y 2008 a niveles entre 100-132% desde 2012 a la fecha. El dólar multilateral se ha depreciado más de 40% desde 1985 a la fecha y en los últimos años los bonos del tesoro, históricamente percibidos como uno de los activos más seguros ha ido retrocediendo en su calidad crediticia.
La crisis financiera del 2008-2009 y la crisis de bancos regionales en marzo 2023, no fueron meros accidentes, sino que respondieron a grietas profundas en la gestión de los riesgos financieros. En paralelo, China se ha convertido en el principal socio comercial de la mayoría de las grandes economías del mundo, tanto desarrolladas como emergentes, desplazando a Estados Unidos en más de 120 países en las últimas décadas. Esto incluye una buena parte de America Latina, Asia, Africa y Europa.
Así, Estados Unidos sigue siendo la potencia financiera, pero ya no es el centro del comercio mundial. Esa desconexión entre el poder financiero y comercial es una de las razones detrás de la debilidad estructural del dólar, lo que es clave para entender el reordenamiento económico global que estamos presenciando.
¿En este contexto, qué pasa con Chile?. Nuestro país tiene tremendas oportunidades en la próxima década: el cobre, el litio, las tierras raras, son industrias que tendrán una demanda constante impulsada por la transición energética y las nuevas tecnologías. La macro chilena está objetivamente ordenada y contamos con un sistema financiero sólido e integrado con el resto del mundo. ¿Los riesgos?, continuar desgastándonos en tensiones políticas internas, con polarización social y desatender el crecimiento económico y la inversión. De eso dependerá que la próxima no sea una nueva década pérdida en un escenario internacional que se prevé incierto.
Patricio Jaramillo. Economista y Director Riesgo Financiero PwC Chile