Especialistas advierten que la similitud de síntomas entre ambos trastornos sigue siendo uno de los principales desafíos clínicos, con impacto directo en la calidad de vida de los pacientes.
Este trastorno afecta al 7% de los chilenos y, dependiendo del subtipo de TDA que presenten los niños, se puede ver más o menos agravado en medio de la pandemia. La dificultad para acceder a recetas retenidas y a mantener el seguimiento con los doctores, así como el encierro en sí mismo, pone mucha presión en el entorno familiar, lo que puede derivar en ciertos grados de roce dentro del hogar, pudiendo llegar incluso a violencia.