Con la macrozona central rondando los 3 millones de TEU y poca holgura, naves más grandes y navieras más concentradas, cualquier fricción se vuelve congestión. Y con graneles esperando cerca de 6 días, la ineficiencia no se queda en el muelle: se convierte en costo país.
Las 888 mil toneladas ligadas a Bolivia que pasaron por el Puerto de Iquique en los primeros diez meses de 2025 no son una anécdota estadística. Son una señal estructural.
Con costos logísticos en torno al 27% –muy por sobre el estándar OCDE–, el país corre el riesgo de construir puertas al mundo que no conectan bien con su propio territorio. Invertir en puertos sin red terrestre y ferroviaria es acelerar con el freno puesto.
Durante años, Chile miró su sistema portuario como una fortaleza natural. Hoy, el mapa se reescribe. La consolidación acelerada de megahubs en el Pacífico –desde Brasil hasta México– y la irrupción de Chancay cambian la lógica del juego: ya no compite el puerto, compite el sistema completo. Escala, frecuencia, costos y confiabilidad operan como un solo algoritmo. En esa ecuación, Chile ya no lidera por defecto; deberá hacerlo por diseño.
Cuando un GRI (General Rate Increase) dura menos que un titular y la Corte Suprema de EE.UU. amenaza con abrir una ventana arancelaria temporal, lo que vemos no es volatilidad táctica: es un mercado que perdió sus anclas.
La experiencia internacional demuestra que un PCS bien diseñado no solo acorta tiempos y reduce costos, sino que eleva la competitividad de todo un país.
En el ámbito de la logística, las respuestas son tan reveladoras como perturbadoras:. No todos están preparados para aprovechar al máximo esta revolución tecnológica.
A raíz de que el 16 de febrero, se conmemora a nivel internacional el Día de la Logística, me parece oportuno resaltar la relevancia que ha adquirido la tecnología en este rubro, eficientando procesos de manera considerable para las distintas industrias que mueven la economía mundial.