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Vicente Furnaro |
Este año, el originalmente llamado “Impuesto a la tierra” —rebautizado luego como “Impuesto territorial” y conocido coloquialmente hoy como las contribuciones de bienes raíces— se encamina a cumplir 100 años de vigencia en Chile. Un tributo centenario, profundamente arraigado en nuestra historia y cultura tributaria, pero que hoy enfrenta una creciente crisis de legitimidad que exige algo más que ajustes cosméticos.
El resultado electoral reciente, nos indica que hacia el 2030 veinticinco años se cumplirán de alternancia sucesiva entre izquierdas y derechas al mando de la conducción del Gobierno. Y es que más que optar por una u otra forma de pensar el País al que aspiramos, parece que los chilenos simplemente plebiscitan al encargado de turno, sancionándolo con dureza de acuerdo a sus necesidades y anhelos coyunturales. La historia de este cuarto de siglo recorrido demuestra que nos dirige esa frágil volatilidad.