Mauricio Díaz P.



Mauricio Díaz P.

La sorpresiva ausencia del futuro y efímero, nuevo ministro de Minería, Santiago Montt, tuvo sin duda un impacto comunicacional profundo. Tan profundo, que ni siquiera alcanzó a tener debut. Tampoco despedida. Simplemente no llegó. Horas antes había sido anunciado, -de manera tan rimbombante como extraña-, como flamante ministro de una de las carteras más estratégicas para la economía del país. Pero lo que realmente desconcertó no fue sólo la rapidez de los hechos, sino el modo en que estos se comunicaron.


El nuevo escándalo por cobros excesivos en las cuentas de luz -una vez más revelado por la prensa-, desnuda una falla y error estructural en la gestión comunicacional de los actores involucrados. No es sólo un grave problema de tarifas sino un síntoma profundo de desarticulación entre poder, relato y ciudadanía. En una sociedad que exige transparencia y justicia social, insistir en estrategias de contención basadas en gestiones discretas, omisiones y silencios calculados, equivale a cavar la tumba de la confianza.