Maria Paz Wagner



Maria Paz Wagner

Enero de 2026 y, una vez más, la inclusión laboral vuelve a instalarse en la agenda empresarial como un ejercicio de cumplimiento. Campañas, eslóganes y llamados a la conciencia recuerdan a las empresas la obligación de alcanzar el 1% exigido por la ley. Sin embargo, tras esta aparente preocupación por incluir, se ha consolidado una práctica que merece ser revisada con mayor profundidad, un sistema que permite cumplir sin contratar, transformando la inclusión laboral en una compensación económica más que en una política efectiva de acceso al empleo.

En la actualidad, la inclusión ha dejado de considerarse como una donación o acto de caridad dentro del entorno empresarial.

Durante años, se entendió la discapacidad como una condición individual de la persona, una limitación física, sensorial o intelectual que afectaba su desarrollo pleno. Hoy, ese enfoque ha cambiado, y la discapacidad no se explica solo desde el cuerpo o comportamiento, sino desde la relación entre la persona y su entorno, y este puede incluir, como también, excluir.

Esta poderosa frase, compartida por mi querida Inés Echeverria, creadora de Uttopy, ilustra perfectamente la percepción errónea y descuidada que todavía existe sobre la inclusión en nuestros días.