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Margarita Ducci |
La tierra simplemente está ardiendo, y no sólo estamos atravesando la era del calentamiento global, sino que entrando a la “ebullición mundial”, dos etapas de un mismo fenómeno que amenaza la vida en el planeta. La primera, es el aumento de la temperatura de la atmósfera y los océanos, causado principalmente por las emisiones de gases de efecto invernadero.
En Chile, estamos en plena puesta en marcha de la Ley de Responsabilidad Extendida del Productor y Fomento al Reciclaje, una política pública ambiental que contribuirá, sin duda, a prevenir la generación de residuos y fomentar la reutilización de ellos. Esta busca incentivar el reciclaje de “la cuna a la tumba” donde los fabricantes e importadores de ciertos productos deben hacerse cargo de la gestión de los residuos que generan, desde su diseño hasta su disposición final. Así, se busca reducir la cantidad de residuos que llega a los vertederos y fomentar una economía circular que aproveche los recursos de manera eficiente y sostenible.
Lamentablemente, muy pocos países en el mundo alcanzarán a cumplir los objetivos que plantea la Agenda 2030. Ya se piensa que es muy posible que antes del 2030, se deban revisar las metas a nivel global y local, ajustarlas a la nueva realidad, alargar el plazo establecido y hacer frente al fracaso, con honestidad.
Para abordar los desafíos y urgencias de la Agenda 2030 y seguir avanzando en el cumplimiento de los ODS, se están implementando diversas iniciativas en Chile y obviamente hay otras por reforzar.
En medio de la preocupación por el cambio climático y la necesidad de preservar nuestro medioambiente, resulta desconcertante presenciar actos de irresponsabilidad y vandalismo, que amenazan proyectos valiosos y altruistas, destinados a proteger nuestros ecosistemas.
Se ha visto, últimamente, cómo, ha surgido un movimiento anti-ASG en los Estados Unidos, que ha generado un intenso debate sobre la relevancia de los factores ambientales, sociales y de gobernanza, en las políticas y prácticas empresariales. Este movimiento se caracteriza por acciones y declaraciones de legisladores y políticos que buscan limitar la influencia de los criterios ASG en el ámbito corporativo y de inversión.
Aunque la realidad nos golpee con fuerza y el planeta viva un momento de inflexión con una emergencia climática sin precedentes, podemos tener esperanza. Esto porque la humanidad está más consciente que ayer de los problemas y amenazas, y crecen los esfuerzos de muchos agentes de cambio, los que son innegables.
Proteger la tierra es urgente y sabemos que debemos redoblar los esfuerzos para cuidar el ecosistema, revirtiendo la grave crisis climática que mantiene al mundo amenazado. La tierra está experimentando un proceso peligroso en el medioambiente a consecuencia de las acciones humanas.
El calentamiento global ya ha causado daños irreversibles en nuestro planeta y el desastre será aún mayor si no aceleramos con urgencia el proceso de reducción de emisiones de gases de efecto invernadero. El último informe del Grupo Intergubernamental de Expertos sobre el Cambio Climático (IPCC), que sintetiza ocho años de trabajo, es desolador. En resumen: la tierra ha aumentado en 1,1 °C la temperatura con respecto a la era preindustrial y subiría a 2,8 °C a fin de siglo pese a los compromisos suscritos en el Acuerdo de París en 2015 donde se fijó la meta de no superar las temperaturas globales de 1,5 °C.
Chile peligra por falta de agua. Nuestro país atraviesa la sequía más larga de la región en al menos mil años, según el último informe de la Organización Meteorológica Mundial sobre el estado del clima en América Latina.