Jorge Valenzuela O.



Jorge Valenzuela O.

La denominada “Ley Corta” en materia de seguridad privada ha sido interpretada, en algunos sectores, como una señal de retroceso regulatorio. Sin embargo, una lectura más profunda permite advertir algo distinto. Lo que realmente revela este ajuste es una tensión frecuente en sistemas regulatorios complejos: la distancia entre el diseño jurídico de una reforma y la capacidad institucional necesaria para implementarla de manera sostenible.

Durante décadas, el Compliance fue concebido como una arquitectura de contención; un sistema orientado a prevenir sanciones, gestionar contingencias legales y responder (de manera predominantemente reactiva) a exigencias regulatorias crecientes. Este enfoque, funcional en un entorno menos sofisticado, ha quedado definitivamente superado.