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Carlos Cruz |
Crecer permite mayores niveles de empleo, mejores remuneraciones, más recursos públicos para transferencias sociales y subsidios. Para crecer en un país pequeño como el nuestro es fundamental aumentar los niveles de inversión pública y/o privada.
Una de las opciones que tiene Chile para impulsar su desarrollo, especialmente en regiones, es la de constituirse en una alternativa de servicios para sus países vecinos. Para ello es necesario romper con nuestro aislamiento y promover la integración física. Una de las opciones que está avanzando es el “Corredor Bioceánico Capricornio”, proyecto de integración entre las naciones del Cono Sur, a través de obras de infraestructura como carreteras, pasos fronterizos y puertos, que beneficiarán fundamentalmente al norte de nuestro país.
Durante este año, Chile ha sido sacudido por una serie de eventos que han captado la atención pública y afectado profundamente la estabilidad social e institucional del país. Además de los episodios de violencia que han remecido a la ciudadanía, hemos visto cómo casos de corrupción, tráfico de influencias y la destitución de altos cargos en instituciones clave han generado un impacto significativo en nuestra convivencia.
En Chile, las necesidades de infraestructura son cruciales para mejorar la calidad de vida y avanzar hacia la sostenibilidad. Por ello, es imperativo que los proyectos generadores de valor se evalúen bajo criterios objetivos y apegados a normas técnicas. Las decisiones que afectan la aprobación de grandes iniciativas, como la Central de bombeo Paposo, de Colbún, deben enmarcarse en una política de Estado que busque resolver los problemas estructurales del país.
El presidente Boric ha impulsado el Corredor Bioceánico Capricornio, que unirá el norte de Chile con la costa del Brasil, cruzando por Argentina y Paraguay. Tras su visita a este último país, se conformó una comisión especial, encabezada por el ministro de Economía, Nicolás Grau, para coordinar a las agencias públicas en apoyo a esta iniciativa.
Una de las metas pendientes de Chile es profundizar su integración física con los países vecinos. Aunque somos un país pequeño, nuestra ubicación geográfica es estratégica hacia el Pacífico, una región que se consolida cada vez más como centro del comercio mundial. Aprovechar esta posición implica facilitar la conectividad para convertir esta ventaja en un factor relevante para el desarrollo.
En Chile, la realidad del cambio climático se manifiesta de manera contundente y diversa. La concentración de lluvias con los consiguientes riesgos urbanos y la persistente sequía en regiones clave como Coquimbo y El Maule, generan impactos evidentes y consecuencias sociales y económicas profundas, afectando a sectores como la minería, la agricultura y la industria forestal. Además, el país enfrenta una mayor frecuencia de incendios, exacerbados por las condiciones climáticas extremas.
Chile ha sido reconocido como el mejor destino turístico para “amantes de la naturaleza, románticos y jóvenes”, según el World Travel Awards, considerado como el “Oscar” de la industria del turismo. Entre los factores que contribuyeron a este reconocimiento destacan que Chile es el mejor “destino verde”, de aventuras y el preferido entre los jóvenes. Además, Santiago fue valorada como la mejor ciudad de la región.
No hay duda de que la infraestructura implementada en nuestro país en los últimos 30 años mejoró la vida de las personas, con autopistas, hospitales, cárceles, centros culturales y aeropuertos, entre otros, que posicionan a Chile como una de las naciones ejemplares en América Latina en este ámbito.
La situación meteorológica que ha afectado al país en los últimos días ha dejado en evidencia las falencias de nuestra infraestructura. Así lo reconocieron la ministra de Obras Públicas y otras autoridades regionales y locales.