​¿Estamos a las puertas de una nueva crisis del petróleo?

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EE. UU. ha copado los titulares con su anuncio de liberar 50 millones de barriles de petróleo de sus reservas estratégicas, a fin de frenar la escalada del precio del crudo. A esta iniciativa se unen otros países, lo que hace que estemos ante un intento coordinado a nivel internacional de frenar la escalada en el precio del petróleo. Esta decisión llega tras el rechazo por parte de la OPEP+ de acelerar aún más el aumento de la producción pese a las continuas presiones recientes.

Curiosamente, la primera reacción del precio del petróleo tan pronto se conoció la noticia, fue subir en lugar de bajar. Y es que cuando se analiza en detalle la medida adoptada, da la sensación de que se trata de mero papel mojado. En primer lugar, no debemos olvidar que, según los últimos datos oficiales, EE. UU. consume unos 19.5 millones de barriles al día, y que por tanto esos 50 millones corresponden a tres días de demanda de las refinerías del país. Por otro lado, tan solo 18 millones serán vendidos directamente durante los próximos meses, lo que hace que su impacto sea ínfimo. Respecto a los aliados del presidente Biden que acuden a su llamada para convertir este movimiento en una medida más contundente, India se ha comprometido a liberar 5 millones de barriles, Gran Bretaña 1.5, y todavía se desconoce la cantidad y calendario que barajan países como Japón, Corea del Sur y China. En lenguaje de las redes sociales, se podría decir que la medida aprobada es simple “postureo”. Pero aparte de que probablemente no tenga mayor impacto en los precios, lo que si puede tener es una respuesta contraproducente por parte de la OPEP+.

La situación es más delicada de lo que parece a simple vista, porque no hay que olvidar que, a lo largo de los últimos meses, si algo ha puesto de manifiesto el mundo de forma muy clara, es la necesidad de respetar más el medio ambiente, apostar por tecnologías menos contaminantes y migrar hacia una economía más verde. Y eso nos lleva a la situación rocambolesca que vivimos en este momento, donde les estamos pidiendo a los principales países productores del mundo que aumenten su producción para frenar la escalada de precios, y, por otro lado, les dejamos claro que a medio plazo vamos a prescindir todo lo que podamos del petróleo que exportan porque apostamos por otro tipo de energías más limpias. Pero esa incongruencia no se circunscribe solo a nivel nacional sino también a nivel empresarial. ¿Cómo puedes decirle a una petrolera en Estados Unidos que invierta en instalaciones, capacidad e I+D, cuando simultáneamente intervienes en el mercado en un intento por poner un techo al precio del activo del que dependen sus beneficios?

Y eso nos lleva directamente a la gran pregunta “¿por qué se ha convertido el precio del petróleo en algo tan importante? Y la respuesta cae por su propio peso: por las presiones inflacionistas. Si algo puede poner un tema en primera página de la agenda de un político es aquello que desata la ira de la ciudadanía. Y eso es lo que está experimentando el presidente estadounidense con respecto a la inflación. Algo especialmente duro cuando el mensaje que intenta mandar desde que fue elegido es su preocupación por la clase trabajadora con menores ingresos. El coste de la gasolina en Estados Unidos se aproxima a sus cotas de máximos históricos registrados durante 2011, en torno a 3.55 dólares por galón, es decir, unos 0.88 euros el litro. En España hoy pagamos la gasolina sin plomo 95 a 1.51 euros el litro, por lo que los precios que pagan los estadounidenses nos parecen un regalo, pero para ellos, que son uno de los mayores productores de petróleo del mundo, dichos niveles son inasumibles desde una perspectiva histórica.

Lo más preocupante de esta situación, no es que los precios de la gasolina rocen máximos históricos, sino que lo hagan con el petróleo cotizando en torno a 80 dólares el barril (db), cuando entre 2011 y 2014 estábamos acostumbrados a ver el petróleo cotizando en torno a 115 db, y antes de la crisis financiera de 2008, se registraba un máximo histórico en los 145.31 db. Curiosamente, si uno se molesta en buscar el punto de equilibrio de los precios del petróleo tomando los datos desde 1998 hasta hoy y calculando una regresión a los mismos, descubriría que el precio actual está exactamente en la línea de regresión que determina el punto de equilibrio perfecto.

El precio del petróleo siempre ha sido una función de la demanda existente v/s la oferta disponible, de modo que cuando falta petróleo el precio sube, y cuando sobra, el precio baja. La mejor muestra de que esto es así, es lo que ocurrió durante 2020, donde una paralización imprevista de la economía mundial para frenar los contagios por coronavirus provocó tal desplome de la demanda internacional que hundió el precio del petróleo como nunca había ocurrido. Y posteriormente, a lo largo de 2021, con una oferta aún restringida y una demanda creciente por la reapertura de las economías, hemos sido testigos de la fuerte recuperación de los precios de petróleo.

Por tanto, eso nos lleva a que, o bien los países productores de petróleo deciden aumentar de forma significativa la oferta de crudo en el mercado, o bien la demanda comienza a remitir, y eso solo suele ocurrir cuando las economías registran una desaceleración económica importante o una recesión. Si no se da uno de esos dos escenarios difícilmente veremos bajadas significativas en el precio del petróleo.


Pablo Gil

Jefe de Estrategia para Latinoamérica de XTB