Mensajes ciudadanos

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Luis Riveros

Ciertamente los resultados electorales del domingo último fueron sorprendentes en bajo variadas consideraciones. En primer lugar, porque mostraron que las encuestas (las más renombradas, por cierto) mostraron con realismo el marco de resultados obtenidos a nivel de la elección presidencial. Eso enseña que habrá que mirarlas con mucha más atención en el futuro, y no descalificarlas, como se hizo, en función de los intereses de cada grupo u opción. En segundo lugar, la elección presidencial quizás no envolvió mayor novedad respecto de lo que se anticipaba, pero lo más novedoso fue que el candidato Boric ni siquiera capitalizó los votos que se habían registrado en la primaria de su sector. Eso levanta suspicacia, pero también habla de la ineptitud para asegurar una votación que debería haber estado asegurada. En tercer lugar los resultados arrojan que ha predominado un empate muy significativo en el Congreso Nacional, notoriamente en el Senado, dándole a la derecha una representación que no había tenido desde los años 90. Sin duda, en este marco será muy difícil imponer ideas o proyectos, sin existir un debido convencimiento sobre su fondo y forma. Y, por último, ha sido también una sorpresa que figuras notables de la derecha y de la actual oposición, incluyendo a las máximas cabezas de algunos partidos, no fueron electos, siendo reemplazados por rostros nuevos, así haciendo posible una renovación importante en la política.

Tres mensajes son posible de dilucidar con el pronunciamiento ya efectuado. El primero, y más claro, es que la ciudadanía rechaza la incertidumbre e inestabilidad en que hemos vivido en todos estos últimos meses. También ha mostrado que no quiere vivir bajo la amenaza de la violencia política que ha campeado sin mayor control durante los últimos dos años, con las consecuencias que hemos sufrido en calidad de vida y menor seguridad. En la araucanía el mensaje es ferozmente consistente: rechazo a la violencia, a los grupos armados y al imperio del narcotráfico, bajo el disfraz de reivindicaciones ancestrales y territoriales. No quiere vivir bajo la amenaza de la delincuencia común, ni de aquella organizada, que nos mantiene encerrados en nuestros hogares y a nuestras familias expuestos a un constante riesgo. La señal es fuerte y clara, y consistente en el conjunto de elecciones que se han practicado el domingo último.

En segundo lugar: la ciudadanía quiere diálogo y entendimiento, no más confrontación y descalificaciones. El Secretario General de un partido importante declaró, a pocos minutos de finalizado el recuento de votos, la opción de su partido por apoyar a un candidato que propicia el enfrentamiento y respalda la violencia política y quien es partidario declarado de liberar a todos los detenidos por las revueltas. El Vicepresidente de la Convención Constitucional, por su parte, ha hecho lo propio, pocas horas después de los resultados. Y ha eguido la secuela de apoyos formulados sin existir siquiera preguntas sore los enfoques que se mantendrán o cambiarán en aspectos programáticos. Chile quiere y necesita otra cosa: una democracia activa y real, dominada por el encuentro y el disenso respetuoso, y una discusión basada en ideas, no en puros slogans. Eso es lo que debe interpretarse con el virtual empate político en el Senado, por ejemplo, donde ya no será posible “imponer” sino más bien “dialogar”.

En tercer lugar, la ciudadanía ha provisto con un mensaje potente contra la forma de hacer política por parte de los partidos políticos y sus liderazgos más destacados, muchos de los cuales han sido derrotados en sus respectivas postulaciones. Del tercer lugar de Parisi fluye muy claro el mensaje de que no se quiere más el partidismo tradicional estrecho y confrontacional, ni las superestructuras partidistas que se contraponen con la cercanía que los representantes deben tener con sus representados. No se quiere más dietas de privilegio, ni un legislar lejano a los intereses ciudadanos, como tampoco un aprovechamiento de los cargos públicos como norma de distribución del poder. Leer correctamente este mensaje es vital para recuperar la estabilidad que el país requiere y reponer una práctica política ciudadana y con mirada amplia a los serios retos que enfrenta el país.


Prof. Luis A. Riveros