​Dos preguntas incomodas: ¿qué hay detrás de la caída de Sichel en las encuestas presidenciales? y ¿es racional una elección presidencial entre los extremos del abanico político?

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Rodrigo Barcia


Para responder estas preguntas analicemos la caída de Sichel del segundo lugar en las encuestas al cuarto. Se puede pensar que ello es un efecto de errores de campaña; pero dejando fuera los errores comunicacionales o más formales, si se quiere, centrémonos en la posición del candidato frente a un tema fundamental: la anomia o la pérdida del orden público. Este tema es fundamental, desde que la preocupación por el orden público se ha transformado en uno de los indicadores fundamentales para la ciudadanía, desplazando a otros temas. Según un sondeo del CEP, de septiembre, el 55% de los encuetados se inclina por darle más valor al orden público (opciones 7 al 10), versus 13% que se inclina por darle más valor a las libertades (opciones 1 al 4), mientras que sólo un 26% las valora por igual (opciones 5 y 6). Estas cifras no pueden extrañar demasiado, y seguramente aumentaran desde la creciente violencia a partir del 18 de octubre de este año.

El país desde octubre del 2019 ha iniciado un camino autodestructivo, basado en la violencia política. El problema de la validación de la violencia es la pérdida del orden público y la paz social. Así, no es de extrañar que los ciudadanos están comenzado a demandar un bien cada vez más escaso en Chile: la paz social y el respeto al orden público. Ahora bien, ¿si los dos candidatos de la derecha están a favor de la recuperación del orden público, por qué las preferencias se inclinan a favor de Kast? La respuesta a esta pregunta no es fácil. Como se señaló ella se puede despachar señalando que en realidad la inclinación por Kast se debe a los errores de campaña de Sichel, pero creo que la respuesta no va por ese camino.

¿Cómo se recupera el orden público en una democracia en crisis, no sólo con el grado actual de debilitamiento de la política, sino de todas las instituciones que tienen que ver con el orden público: Tribunales, Ministerio Público, Policías y eventualmente Fuerzas Armadas? A ello se suma no sólo la amenaza de la violencia política, sino la amenaza de la Convención Constituyente de desconocer las elecciones acortando el período presidencial. La ruptura del dique institucional lleva a que los ciudadanos vean la solución a los problemas de la violencia fuera del sistema democrático actual. En pocas palabras, los candidatos que se ven más “institucionalizados” son poco creíbles en torno a la restitución del orden público. Ello explicaría no sólo la caída de Sichel, sino también la fortaleza de Boric frente a Provoste. De hecho, lo que caracteriza a los extremos es precisamente su vocación de operar fuera del sistema o su falta de institucionalización. Las salidas en el caso de Boric son el muy probable desconocimiento del plebiscito de salida, y la profundización de una “democracia popular”, que nos conduciría a una dictadura de izquierdas. El candidato naturalmente que se presenta como un defensor de los DD.HH., pero su sector apoya sin ambages, las dictaduras de izquierda, como la cubana, la nicaragüense o la venezolana. A ello se suma su programa, que generará una gran destrucción económica (si es que cabe más todavía). No hay que ser muy suspicaz para preguntarse por qué el candidato busca generar esta inestabilidad. Este tema no es baladí porque demuestra las verdaderas intenciones del candidato. Ahuyentará la inversión, que ya está en sus mínimos históricos, y fomentará las expropiaciones a través del mecanismo de la participación del 50% de los trabajadores en los directorios de las empresas.

Por el lado de la derecha, salvo un resultado espectacular, Kast seguramente estaría dispuesto a gobernar mediante Decretos Leyes, y el uso de la fuerza. Es verdad que Sichel en este escenario, desde una mirada en una democracia institucionalizada, es la mejor solución; pero el problema en la denominada centro derecha es endémico por cuanto el sector está rodeado de díscolos y francotiradores. Si la ciudadanía percibe que Sichel es un candidato débil en este sentido (o sea, que no cuenta con el apoyo suficiente de su propio sector), se inclinará por Kast. Ello explica la caída de Sichel, que no es creíble en torno a que sea capaz de controlar a su sector en torno a la salida de la actual crisis. Así, la caída de Sichel no se debe a su inclinación en contra del cuarto retiro, sino a la imposibilidad de ordenar a su sector. Por tanto, una elección entre extremos se ve como una respuesta racional, dado el enorme deterioro institucional, y los desvaríos de los sectores de centro.


Rodrigo Barcia Lehmann.

Abogado, doctor en Derecho y magister en Economía.