Apuntes sobre la dignidad del trabajo médico

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Cartas al director

Sr. Director,


A propósito de una encuesta sobre la “dignidad del trabajo médico”, recordé que hace muchos años un colega me señaló que ganar menos de 15 millones mensuales (colocando en dinero de hoy dicha conversación), no era digno. Estoy seguro de que para la mayoría de los médicos la dignidad no radica en el monto del salario. ¿Entonces en qué? Indagando con los colegas sobre el sentido de ser médicos, surgía fuertemente el reconocimiento, el prestigio, como cuestión primordial. Al hacer disección de los elementos constituyentes del prestigio se involucraba el comportamiento ético, el proceder recto y sabio, la pericia habilidosa, las gracias de un enfermo recuperado, los privilegios y prebendas que el estatus social otorgaba, las reminiscencias del aura mágica de ser los sucesores, en el imaginario colectivo, del hechicero y del sacerdote revestidos de la capa poderosa, la bata blanca, de la ciencia todopoderosa.

Pero el trabajo médico junto a los sistemas de salud, han cambiado y seguirán haciéndolo radicalmente. Necesidades crecientemente complejas, nuevas tecnologías, requerimientos por más regulaciones, eficiencia y calidad; ciudadanos que exigen sus derechos, respeto a su autonomía y no aceptan atención por caridad o simple negocio; la necesidad de trabajar más interdisciplinarmente, en equipos de salud que se expanden con nuevas profesiones que requieren relacionarse como pares, ya no sujetas a relaciones verticales y patriarcales de autoridad; la irrupción de temas como género, interculturalidad y participación protagónica de las personas y muchas otras variables, que han cambiado dramáticamente el contexto del trabajo médico, obligan a una serena y profunda reflexión. No para atrincherarse en la nostalgia, sino en identificar lo que más apreciamos, lo central que nos da identidad y sentido, para cuidarlo y conservarlo.

Los cambios nos han sucedido, nos ha pasado por encima. A lo más, de vez en cuando, nos hemos resistido para intentar frenar la historia. Inútil intento. Es momento de salir de la trinchera y de repensar el futuro, ya no como “diostores” que desean perpetuar privilegios, sus propias “leyes médicas”, sino como orgullosos trabajadores de la salud, que se dignifican cotidianamente trabajando, con y para otros, siendo parte de un equipo, donde somos valorados no por nuestro “poder”, sino por las capacidades humanas y técnicas que ponemos en común. La historia no puede seguir pasando por encima, es hora de colaborar a conducirla.


Osvaldo Artaza

Decano Facultad de Salud y Ciencias Sociales

Universidad de Las Américas