El reenfoque luego de la decepción

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Es imposible restarse de opinar sobre el escándalo histórico de Rodrigo Rojas Vade, que rebasó las fronteras nacionales, como en su época lo hizo el arquero Roberto “Cóndor” Rojas con el “Maracanazo”, cuando cientos de chilenos casi incendian la embajada de Brasil en Chile en Santiago para luego caer en una profunda decepción ante la cruda verdad develada.


Los 17 convencionales de la ex Lista del Pueblo han expulsado a Rojas Vade y lo han condenado. Dijeron: "dejamos de manifiesto que no teníamos ningún tipo de antecedente ni dudamos jamás respecto de la situación médica de Rodrigo. Al igual que todo Chile, nos enteramos recién el fin de semana pasado que su diagnóstico médico no era cáncer". 


La mentira y el engaño nuevamente nos golpean, pero al mismo tiempo, reivindica al cuarto poder del Estado (la prensa), ante el cual, todos estamos sometidos ante la publicidad de nuestras relaciones sociales.


Rodrigo puso en entredicho la fe pública y el trabajo de la Convención Constitucional.  Esta vez no se puede culpar a la derecha, sino que se trata de errores no forzados de la izquierda. Fue el descubrimiento de un tremendo de engaño a la población chilena.  La acción de fingir una enfermedad tan grave como el cáncer, tan dolorosa, tocó a miles de personas que hemos visto partir a seres queridos que sufren -de verdad- terribles quimioterapias y radioterapias que van mermando energías y la vida misma.


Pero el engaño es también a su electorado, quienes creyeron firmemente en él, se sensibilizaron y empatizaron. Engañó a las personas que donaron dinero o bien participaron en rifas o reunión de fondos para ayudarlo. Mintió en la campaña electoral regulada por ley, usando y abusando de esta enfermedad falsa. Mintió en su declaración de patrimonio. Mintió en la información de sus viajes al extranjero. 


Sin embargo, este no es un hecho aislado. No es el único que declara que su incipiente carrera política ha terminado. Anteriormente Diego Ancalao también lo dijo en el momento que su candidatura estaba llena de firmas falsas autorizadas ante un notario fallecido. Lo mismo Cristián Cuevas, quien sufrió la peor humillación de ser elegido, como candidato por la Lista del Pueblo, para luego ser ninguneado y vapuleado por ellos mismos.


Se trata de tres hechos, en un breve tiempo que prueban algo muy triste. Que aquellas personas que intentaban ser un ejemplo de nueva sabia en la política tenían los mismos o peores defectos que la vieja política. Sin duda un golpe la moral de todos aquellos que tenían esperanzas de una nueva era con la llamada Lista del Pueblo.


Quizás ahora, luego de la decepción y la rabia, surge una lección sencilla que varios convencionales elegidos han redescubierto. Fueron convocados por el pueblo para proponer un texto de nueva Constitución que será votado por todos los chilenos. Una labor muy honrosa, histórica y trascendental, pero que no es más que eso, ni menos que eso.



René Luis Núñez Ávila

Profesor de Derecho Procesal

Universidad de Chile